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martes, 5 de junio de 2007

"Lie with me" (2005)

Lie with me es una película canadiense dirigida por Clement Virgo. Su título tiene un doble sentido: lie with, cuando lie se usa como verbo, significa al mismo tiempo "yacer con alguien" -en el sentido bíblico de la expresión- y "mentir con alguien".
Leila (Lauren Lee Smith) y David (Eric Balfour) son dos veinteañeros acostumbrados al sexo por deporte. Carecen de escrúpulos a la hora de elegir compañeros/as sexuales, y cuando se conocen, parece que lo suyo será una aventura efímera. Pero pronto queda claro para ambos que la atracción que sienten va más allá de lo puramente físico, y que están enamorados. Y ahí es cuando comienzan los problemas para la joven pareja.
Si hay un elemento que se destaca fuertemente en el film es lo gráficas que son las escenas sexuales. No sorprende tanto la desnudez sin tapujos de Smith, pero sí la de Balfour: se sabe que es muy difícil que un actor más o menos conocido (recordemos que Balfour tiene una larga trayectoria en cine y TV, llegando a interpretar, entre otros, a Milo Pressman en la primera y en la sexta temporada de 24) muestre algo más que las nalgas en una película. Y aquí se llega a ver su pene erecto en manos de su coprotagonista. También es llamativo que casi todas esas escenas sexuales transcurran de día.
Escenas destacadas:
  • La primera aparición de Leila, masturbándose frente al televisor.
  • La parte en que Leila se exhibe semidesnuda a David dentro de un tubo en la parte de juegos infantiles de una plaza.
  • La escena, cerca del final, en que se muestra a David y Leila reflexionando al mismo tiempo, que actúa como prólogo a su último encuentro.
Calificación: 8,50

jueves, 3 de mayo de 2007

Afrodita, la diosa del sexo

La diosa Afrodita fue, posiblemente, la divinidad menos respetada por los griegos. No es que no le rindieran el debido culto, pero la forma en que la veían en sus mitos no era precisamente halagueña. Para los griegos, Afrodita era el símbolo de todas las mujeres tontas y promiscuas.
Afrodita, según el mito más popular (lo cual se debe sobre todo al famoso cuadro El nacimiento de Venus, pintado por Botticelli), nació de la espuma del mar. Según una versión más amplia del mito, esa concepción milagrosa se produjo cuando el dios Cronos castró a su padre Urano y arrojó sus genitales al mar. En cualquier caso, Afrodita fue adoptada como hija por Zeus. De acuerdo con otro mito menos conocido, Afrodita era hija biológica y no meramente adoptiva de Zeus, fruto de su unión con la ninfa marina Dione.
Tras incorporarla a la familia olímpica, Zeus la casó con su hijo, el feo dios-herrero Hefesto, quien le dio grandes regalos a su padre en agradecimiento. Ella le dio tres hijos -Fobos, Deimos y Harmonía-, pero el verdadero padre de ellos era el dios de la guerra Ares, con quien Afrodita comenzó un romance muy poco después de su matrimonio. Hefesto no se enteró de la infidelidad de su esposa divina hasta que Helio se lo contó. Entonces se retiró airado a su fragua y, a golpes de martillo, forjó una red de caza de bronce, fina como una telaraña pero irrompible, que ató secretamente a los postes y los lados de su lecho matrimonial.
Luego le dijo a Afrodita que se iría de viaje a la isla de Lemnos. Ella no se ofreció a acompañar a su hermano-esposo, y apenas salió del palacio llamó a su hermano-amante Ares, con quien se puso a retozar alegremente en la cama que compartía con Hefesto. Cuando se durmieron, Hefesto -que, por supuesto, no había viajado a Lemnos- descolgó la red y se las echó encima. Los amantes quedaron así atrapados (y desnudos, lo que evidenciaba el adulterio) en la cama, y Hefesto llamó a los demás dioses del Olimpo para que fuesen testigos de la infidelidad. Las diosas decidieron quedarse en sus aposentos, por delicadeza, pero Zeus, Apolo, Hermes y Poseidón acudieron a la llamada de Hefesto.
La reacción de los dioses fue dispar. Apolo y Hermes observaron el cuerpo desnudo de su hermana con lujuria, y Apolo le preguntó jocosamente, en voz baja, a Hermes si no le gustaría estar en el lugar de Ares, pese a la red. Hermes dijo que le gustaría aunque hubieran tres redes y todas las diosas del Olimpo lo estuvieran mirando, lo cual hizo que ambos dioses rieran groseramente. Poseidón fingió estar indignado, pero en secreto también se había quedado deslumbrado -por no decir otra cosa- por la belleza de su sobrina. Pero Zeus estaba realmente indignado y disgustado por el incidente. Hefesto dijo que deseaba divorciarse de Afrodita y exigió que Zeus le devolviera los regalos, amenazando con no liberarla de la red, ni tampoco a Ares; Zeus se negó. Entonces Poseidón ofreció una solución: Ares pagaría los regalos de Hefesto. Cuando Hefesto puso en duda que el amante de su esposa cumpliera su promesa, Poseidón se ofreció como garante. Así, Hefesto accedió a liberar a Ares y Afrodita. Hay que decir que Ares no pagó los regalos, pero Hefesto tampoco se los exigió, pues seguía locamente enamorado de Afrodita y terminó por no divorciarse de ella.
Afrodita continuó engañando a su marido con mortales bellos y con otros dioses. Se acostó con Hermes (con quien, como dije antes, tuvo a Hermafrodito), con Poseidón, con Dionisio (con quien tuvo a Príapo) y, según ciertas versiones, con el propio Zeus (con quien habría concebido a Eros). También se acostó con Anquises, rey de los dárdanos, con quien tuvo a Eneas, que habría sido antepasado de Julio César.

martes, 24 de abril de 2007

Algunos datos sobre la circuncisión

La circuncisión es, tal vez, el procedimiento quirúrgico más antiguo de la Historia. La “paternidad” de la operación es disputada por los judíos y por los antiguos egipcios, pero hubo muchas tribus en África y muchas islas del Pacífico que practicaban la circuncisión regularmente y que no tuvieron contacto con ninguno de los dos pueblos, así que es imposible saber de dónde se originó.
Como saben, la circuncisión consiste en cortar el prepucio del pene, de modo que el glande (la cabeza) queda siempre descubierto, aun con el pene en reposo. En este link pueden verse las imágenes de un pene “normal” en reposo y erecto, y en este otro, las de un pene circuncidado (no las pongo aquí para no ofender a “la moral y las buenas costumbres” de los lectores).
La circuncisión se practica por motivos religiosos entre los judíos, como sabe todo el mundo, pero también entre los musulmanes y las arriba mencionadas tribus africanas y del Pacífico. Los judíos la realizan con los bebés recién nacidos o con los hombres que quieren convertirse a su religión. Esta “marca” es una confirmación física de la alianza establecida entre su antepasado mitológico Abraham y Jehová.
En cuanto a los musulmanes, que afirman descender también de Abraham, la circuncisión se realiza en algunos países al nacer el niño, pero en otros (sobre todo en Turquía) cuando el chico está a punto de entrar a la adolescencia. Según parece, en este último caso la circuncisión se realiza en su casa (lo hacen como una fiesta familiar) y sin anestesia, para “probar” la hombría del chico; no obstante, hay una tendencia creciente en esos países a realizar la circuncisión en un hospital y con anestesia, como correspondería.
A fines del siglo XIX surgió entre los médicos anglosajones la idea de que la circuncisión podía tener beneficios médicos. Se han realizado varias investigaciones al respecto, que parecen señalar que estar circuncidado reduce, más o menos significativamente, los riesgos de contraer cáncer de pene, sífilis e infecciones urinarias, entre otras enfermedades. El último estudio, realizado en África, cuyos resultados se dieron a conocer en diciembre del 2006, dice que la circuncisión reduciría entre un 50 y 60% la posibilidad de contraer el SIDA. La ONU emitió un documento recomendando la circuncisión como una de las medidas que se deben contemplar para prevenir la expansión del VIH. No obstante, muchos urólogos han salido a desmentir o poner dudas sobre su efectividad. Mi opinión personal es que, si bien la circuncisión no es tan efectiva como el preservativo para evitar contagiarse el SIDA, podría ser útil en caso de que el preservativo falle. Al quedar el glande al descubierto las 24 horas del día, se endurece y sería más difícil para el virus penetrarlo.
Otro motivo por el cual los médicos recomiendan la circuncisión es la fimosis y la parafimosis, malformaciones del pene que causan que el glande esté siempre cubierto por el prepucio (en este link puede verse la imagen de un pene con fimosis). En los peores casos, quien lo padece tiene dificultades hasta para orinar. En esos casos la circuncisión es la solución más fácil y rápida. Se cuenta que en Francia, el rey Luis XVI padecía fimosis, motivo por el cual no se atrevió a consumar su matrimonio con María Antonieta durante varios años. Tuvo que ser persuadido por su cuñado, el emperador Francisco de Austria, de que se circuncidara. Lo hizo, consiguió acostarse con su esposa y terminaron teniendo cuatro hijos.
Hoy, se calcula que entre el 30 y el 40% de la población masculina mundial está circuncidada. Hay varios países donde la circuncisión es mayoritaria: en los Estados Unidos, por ejemplo, hay aproximadamente un 58% de hombres circuncidados. Allí, según me cuentan, es una rareza no estarlo (lo cual muchos europeos o latinoamericanos han notado en los vestuarios estadounidenses). Lo curioso es que muchos jóvenes yanquis no saben que lo están y creen que nacieron sin prepucio.
En el Reino Unido la circuncisión fue promovida por el Estado con gran entusiasmo hasta la década del ’50. Parece que hasta entonces las circuncisiones se realizaban gratuitamente en los hospitales públicos, y que los niños huérfanos eran circuncidados regularmente. No obstante, en los ’50 el Estado dejó de subvencionar las circuncisiones y la tasa fue descendiendo. No obstante, en la actualidad la circuncisión se sigue realizando entre los niños de clase media y alta.
Un párrafo aparte merece la familia real británica. Parece que la reina Victoria impuso la práctica de circuncidar a todos los varones de la casa real. Puso como excusa que los Hannover descendían de rey David, pero sospecho que lo hizo creyendo, como muchos médicos decimonónicos, que la circuncisión reducía el placer sexual y que, por ende, un hombre circuncidado sería más fiel a su esposa. Si eso creía, se equivocó. Si bien sus descendientes siguieron circuncidando a sus hijos varones (tarea para la cual recurrían a un rabino, en vez de al médico real), la familia real siguió siendo célebre por las infidelidades de sus miembros del sexo masculino. La práctica pareció interrumpirse en los ’80, cuando Guillermo y Harry, hijos del príncipe Carlos, no fueron circuncidados por la cerrada negativa de su madre, la entonces princesa Diana. Pero hay versiones que indican que, al morir Diana, Carlos habría hecho circuncidar a sus hijos, o bien que ellos se circuncidaron por propia voluntad en la adolescencia. Queda por ver si, a su turno, Guillermo y Harry circuncidarán a sus propios hijos o no.
En el resto de Europa (sobre todo Escandinavia) y en América Latina la circuncisión se ve como algo que sólo los judíos practican. Muy pocos hombres se circuncidan por motivos que no sean religiosos o médicos. En Asia sólo los países con mayoría musulmana practican la circuncisión frecuentemente. Hay dos excepciones: las Filipinas y Corea del Sur. En las Filipinas las tribus se circuncidaban desde antes que llegaran los españoles, y si bien adoptaron mayoritariamente el catolicismo, no abandonaron la práctica. En Corea del Sur fue la influencia de las tropas estadounidenses apostadas allí tras la guerra la que llevó a muchos hombres a circuncidarse masivamente. Hoy se calcula que un 80% de los niños y adolescentes surcoreanos están circuncidados.
La creencia de que la circuncisión reduce el placer sexual fue utilizada primero por sus defensores y luego por sus detractores. No obstante, hoy sabemos que eso no es cierto. Si bien un pene circuncidado posee menos sensibilidad que uno que no lo está, eso no se traduce en una disminución del placer masculino. En el peor de los casos, el hombre tarda un poco más en eyacular. Por eso es injusto igualar a la circuncisión con la aberrante práctica africana de extirparle el clítoris a las mujeres. La única operación equivalente a la ablación del clítoris en un hombre, sería cortarle el pene, lisa y llanamente.

sábado, 17 de marzo de 2007

James I

El rey James VI de Escocia y I de Inglaterra, a quien mencioné al contar la historia de María Estuardo, fue el monarca británico que más tiempo estuvo en el trono después de la reina Victoria y Jorge III. James, nacido en 1566, fue rey de Escocia desde julio de 1567 y de Inglaterra desde marzo de 1603 hasta su muerte en marzo de 1625. A su manera, fue un gobernante bastante eficaz. Logró mantener el orden en sus reinos, fue relativamente tolerante con los católicos (aunque desató una persecución encarnizada contra las brujas) y se obstinó hasta la muerte en evitar una guerra ruinosa con España. Pero la vida privada de James I fue bastante escandalosa. Al igual que su padre, era bisexual, y al igual que su madre, sus affaires dieron mucho de que hablar.
Su primera relación homosexual fue con su primo francés Esmè Estuardo. Los amores entre ambos fueron muy criticados por todo el mundo: Esmè tenía 37 años -mientras que James, que en ese entonces era solo rey de Escocia, tenía apenas 13-, estaba casado, tenía cinco hijos y además era católico (para ese entonces el protestantismo dominaba totalmente Escocia). No obstante, James conservó a Esmè como su amante y favorito desde 1579, cuando se conocieron, hasta 1583, cuando los nobles escoceses lo obligaron a desterrarlo a Francia, donde murió en abril de ese año. El joven rey, apenadísimo, escribió un poema donde comparaba a Esmè con un ave cuya belleza causó que sus rivales envidiosos la mataran.
En 1589, James VI se casó con Ana, la hija del rey Federico II de Dinamarca y Noruega. La boda tuvo lugar en Oslo el 23 de noviembre de ese año; James tenía 23 años y Ana tenía 15. La unión fue feliz al principio, pero los cónyuges terminaron distanciándose cada vez más hasta que terminaron con una “separación amistosa” ya cuando James era rey de Inglaterra. Tuvieron 8 hijos, de los cuales sólo tres llegaron a la adultez. Ella murió en 1619, a los 44 años.
En 1607, a los 41 años, el rey James conoció a Robert Carr, un adolescente de 17 de quien se enamoró perdidamente. Carr era tan atractivo como poco inteligente, pero aprovechó las circunstancias para ganar poder sobre James. En 1611 fue nombrado vizconde de Rochester, en 1612, secretario privado del rey y en 1613, conde de Somerset. Pero su poder comenzó a declinar en 1614 y terminó en 1615 por los motivos que contaré a continuación.
El conde de Somerset, que en realidad era heterosexual, había comenzado en 1609 un apasionado romance con Frances, condesa de Essex. En septiembre de 1613, la condesa logró que su matrimonio fuese anulado y en diciembre se casó con Somerset. James dio su aprobación, seguramente creyendo que se trataba de un matrimonio por conveniencia. Pero al ver que la atracción entre Somerset y su nueva esposa era genuina, su relación con él se fue enfriando. En enero de 1615, los enemigos de los Somerset aprovecharon para acusarlos de envenenamiento. Antes de declarar en el juicio, Somerset amenazó al rey con contar detalles íntimos de su relación. James entonces mandó a dos hombres al tribunal para que se parasen al lado del conde y lo asfixiasen en caso de que comenzase a revelar datos comprometedores. Al ver esto, Somerset se limitó a negar los cargos en su contra sin decir palabra alguna contra el rey. El conde y la condesa de Somerset fueron condenados a muerte, pero el rey cambio la sentencia a encarcelamiento. Fueron prisioneros en la Torre de Londres hasta 1522.
El tercer amante famoso de James I fue George Villiers. Su relación con el rey fue de hecho favorecida por varios miembros de la corte enemigos del conde de Somerset, que se lo presentaron en 1614. El rey tenía 48 años y Villiers 22. Apenas Somerset fue desplazado, Villiers se convirtió en el nuevo favorito real. Su ascenso fue meteórico: lo nombraron vizconde en 1616, conde en 1617, marqués en 1618 y finalmente duque de Buckingham en 1622. Pero Buckingham, a diferencia de Somerset, era realmente leal al rey y tenía cualidades intelectuales que iban mucho más allá de la belleza física. Logró ganarse no solo la confianza de James I sino también de la propia Ana de Dinamarca y de su hijo Carlos. Cuando James murió en 1625, Buckingham conservó su influencia en la corte bajo el reinado de Carlos I. Fue asesinado en agosto de 1628 por el oficial naval John Felton y sus restos fueron sepultados en la Abadía de Westminster, en el mismo lugar donde yace James I. Este Buckingham es el que aparece en Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, aunque la novela no es muy verídica que digamos.
Las relaciones del rey con Esmè Estuardo, el conde de Somerset y el duque de Buckingham fueron muy conocidas. Poco antes de que sucediera a Isabel I en el trono, los ingleses, que recordaban su noviazgo con Esmè, decían con desprecio: “Rex fuit Elizabeth, nunc est regina Jacobus” (“Isabel fue nuestro rey, ahora James será nuestra reina”). James les escribía cartas de amor a sus amantes, muchas de las cuales luego llegaron a manos de los historiadores (una de ellas, dirigida a Buckingham, decía que “Cristo tuvo a Juan y yo tengo a George”, haciendo referencia a la supuesta relación homosexual entre Jesús y su discípulo). Un poeta francés llegó a comparar a James I y Buckingham con el dios Apolo y su amante Jacinto. Pese a ello, James hizo aprobar durante su reinado en Escocia leyes muy duras contra la “sodomía”; de la misma forma en que Adolf Hitler, que supuestamente era bisexual, mandó a miles de gays y lesbianas a los campos de concentración.

viernes, 16 de marzo de 2007

"Transamérica" (2005)

La película Transamérica es una comedia muy inteligente acerca de la transexualidad. Su protagonista, Bree (Felicity Huffman, de Amas de casa desesperadas) es un transexual a punto de hacerse la operación de cambio de sexo y convertirse definitivamente en una mujer. Su vida es absolutamente tranquila y ordenada, hasta que recibe un llamado de Nueva York.
Bree recibe la noticia de que tiene un hijo de 17 años (concebido en un "experimento" con una compañera de la universidad) y que ha sido detenido por prostituirse. Atónita, ella no quiere lidiar con ese problema, pero su psicóloga le exige que viaje a Nueva York y que conozca a su hijo para darle el OK a su operación.
De mala gana, Bree obedece a su psicóloga y libera a su hijo Toby (Kevin Zegers) de la cárcel, pero finge ser una trabajadora social. Juntos emprenden viaje a California, donde Bree vive y en donde Toby aspira a convertirse en estrella porno. Pero, por supuesto, se encuentran con toda clase de dificultades y aventuras a lo largo del camino.
El film es muy gracioso y al mismo tiempo conmovedor. La extraña relación entre Toby y su ¿madre? ¿padre? está muy bien abordada. Y algunas de las escenas más desopilantes se dan cuando Bree se ve forzada a hacer una visita a la casa de sus propios padres. La califico con un 10.
Se pueden ver más imágenes de la película en este enlace.

jueves, 15 de marzo de 2007

Los amores de Julio César

Cayo Julio César fue célebre como general, pero también como uno de los mayores libertinos de Roma. Aquí hago un racconto de su vida íntima.
César estuvo casado cuatro veces. Su primera esposa fue una tal Cosutia, la hija de un caballero adinerado, con quien su padre lo casó en la adolescencia. Más tarde, en el 86 antes de Cristo, su tío Cayo Mario lo casó con Cornelia, hija de su aliado Lucio Cornelio Cinna. Tuvieron una hija, Julia, aproximadamente en el 83.
De todas sus esposas, Cornelia fue a quien más amó, y César dio dos pruebas muy importantes de ello. La primera fue en el 81, cuando Lucio Cornelio Sila se convirtió en dictador de Roma. Sila había sido enemigo de Mario y Cinna, y como es natural desconfiaba del joven César. Para demostrar su lealtad del nuevo régimen, Sila le ordenó a César que se divorciase de Cornelia. César se negó diciendo a los mensajeros del dictador: “Decidle a Sila que sobre César sólo manda César”. Tal vez lo hiciera por amor a Cornelia o tal vez por puro deseo de sobresalir, pero en cualquier caso lo hizo, arriesgando su vida. Para evitar ser asesinado por los sicarios de Sila, César debió pasar varios meses fugitivo en Italia, hasta que sus influyentes parientes y amigos en Roma convencieron a Sila de perdonarlo. El dictador accedió de mala gana, pero les advirtió que “en ese joven veo muchos Marios”.
La segunda prueba la dio en el 69, cuando Cornelia murió dando a luz. La costumbre romana para los funerales de las mujeres era que estos fuesen discretos, a menos que la finada hubiera sido una matrona famosa. Como Cornelia era bastante joven, lo adecuado hubiera sido lo primero, pero César le organizó un funeral multitudinario, exhibiendo la imagen de su padre Cinna -lo cual estaba prohibido por las leyes de Sila todavía vigentes- y pronunciando un discurso en el que exaltó sus virtudes. Lo que hizo fue también bastante osado, pues hubiera podido dañar su carrera política el mostrarse tan apenado por la muerte de su mujer. Afortunadamente, el pueblo romano, en vez de burlarse, se conmovió por el dolor del joven viudo.
Su tercera esposa fue Pompeya, nieta de Sila, con quien se casó algún tiempo después de la muerte de Cornelia. Esta unión fue puramente por motivos políticos: César buscaba el apoyo de la vieja facción conservadora que Sila había liderado. El matrimonio le fue útil, pues le permitió ser elegido edil, pero Pompeya no llegó a ser una esposa tan satisfactoria como Cornelia. Era una de las mujeres más bellas de Roma, pero era también muy estúpida. Su marido no tardó en aburrirse y en buscar placer en los brazos de otras amantes.
Pompeya entonces terminó buscándose también un amante. Y eligió a Publio Clodio, hermano de su amiga Clodia. Clodio se acostó con ella en parte por su hermosura y en parte seguramente por el placer de ponerle los cuernos al adúltero más famoso de la ciudad. Pero César descubrió su relación y tomó medidas drásticas para impedir que los amantes se vieran, encerrando a Pompeya en su casa.
Clodio, desesperado por ver a Pompeya, pensó en un plan “brillante” para encontrarse con ella. Corría el año 62 y la casa de César había sido elegida para celebrar la festividad de la Bona Dea. La Bona Dea (Buena Diosa) era una divinidad exclusivamente femenina. No sólo los hombres no podían adorarla, sino que ni siquiera podían presenciar sus rituales ni estar en la casa donde estos se realizaban. Por eso, la casa donde se celebraba la Bona Dea quedaba por una noche totalmente vacía de la presencia masculina: el dueño de la casa, sus hijos, los esclavos varones, todos debían irse. Esta era la oportunidad perfecta para que Clodio viese a Pompeya sin que César o los esclavos que había puesto para vigilarla estuvieran cerca. Con la complicidad de Abra, la doncella de Pompeya, Clodio entró a la casa de César disfrazado de mujer. No le fue difícil disimular su sexo porque parece que tenía un rostro muy lampiño y de facciones delicadas. Pero parece que en un momento le habló a Abra sin falsete, y Aurelia y Julia, madre y hermana de César, lo oyeron. Las mujeres se abalanzaron sobre él y consiguieron desenmascararlo, pero Clodio se las arregló para escapar.
El escándalo fue mayúsculo y Clodio no pudo evitar ser acusado de sacrilegio. Entre los testigos convocados por los acusadores estaba Cicerón, que declaró contra Clodio y se ganó su enemistad. Luego llamaron a César, que acababa de divorciarse de Pompeya. Le preguntaron si Clodio y ella eran amantes, y César sorpresivamente lo negó. Esto favorecía mucho la causa de Clodio y de hecho permitió que fuese absuelto. Cuando los acusadores le preguntaron por qué entonces se había divorciado de Pompeya, César contestó con su célebre “Porque la mujer de César no sólo tiene que ser honesta, sino también parecerlo”.
La cuarta esposa de César fue Calpurnia, hija del cónsul Lucio Calpurnio Pisón. César se casó con ella en el 59, también por motivos políticos: deseaba que Pisón usara su influencia para que le dieran la gobernación de la Galia Cisalpina, la Trasalpina e Iliria. Con la ayuda de su nuevo suegro y de su nuevo yerno Gneo Pompeyo Magno (a quien había casado poco antes con su hija Julia), César logró ese mando militar que le permitió emprender la guerra de las Galias. Calpurnia fue esposa de César hasta su muerte y fue una de las matronas más respetadas de su tiempo. No se sabe qué pasó con ella tras enviudar.
César también tuvo muchas amantes. Suetonio menciona a Lolia, la esposa de Aulo Gabinio, a Tértula, la esposa de Marco Licinio Craso, y a Mucia Tercia, la tercera esposa de Pompeyo. No obstante, yo tengo la teoría de que esos supuestos romances fueron inventados por los enemigos para intentar perjudicar a César; porque tanto Gabinio como Craso y Pompeyo eran entonces aliados de César.
Una matrona de la que no hay dudas que fue amante de César es Servilia, madre de Marco Junio Bruto. Suetonio dice que fue “su mayor pasión”. Hay algunas anécdotas sobre ellos. Plutarco narra como en la sesión del Senado en la que se discutía el castigo a algunos miembros de la conspiración de Catilina, César sostuvo que los conspiradores debían ser encarcelados y que sus propiedades debían ser confiscadas, contradiciendo al cónsul electo Décimo Junio Silano, que pedía que fuesen ejecutados. Al tocarle el turno a Catón el Joven, hermano de Servilia, él acusó a César de formar parte de la conjura. Y mientras daba su discurso, un esclavo entró al recinto y le entregó una carta a César. Catón dijo que esa carta era de otros cómplices suyos y exigió que la leyera, pero César se levantó y se la dio amablemente. Y cuando Catón la leyó, se sintió furioso y avergonzado: era una carta de amor de Servilia. Catón, entonces, le gritó “¡Toma, borracho!” y se la arrojó a la cara.
Suetonio también cuenta que César llegó a regalarle a Servilia una perla enorme que era la envidia de todas las mujeres de Roma. Otra anécdota de Suetonio es que Servilia le permitió a César acostarse con su hija menor Junia Tercia y que como agradecimiento César le vendió unas propiedades confiscadas a sus enemigos –esto ocurrió durante la guerra civil- a un precio muy bajo. Cicerón comentó que la venta había sido provechosa para Servilia, pues le habían rebajado una Tercia.
Se sabe que tras la muerte de César, Bruto y sus cómplices se reunieron en casa de Servilia y que ella intervino en las discusiones. No hay pruebas fehacientes de que ella estuviese involucrada en el plan para asesinarlo. Tras la batalla de Filipos, los triunviros le perdonaron la vida (seguramente porque otra de sus hijas estaba casada con Marco Emilio Lépido, miembro del Triunvirato), tras lo cual el amigo de Cicerón y de Bruto Tito Pomponio Ático la alojó en su casa. En cuanto a Junia Tercia, vivió hasta comienzos del reinado de Tiberio. Cuando hizo su testamento, se negó a dejarle ningún legado al emperador, y Tiberio se vengó prohibiendo la exhibición de las imágenes de su tío Catón el Joven, su hermano Bruto y su marido Casio. Al contar el hecho, el historiador Tácito dijo que las imágenes “brillaban por su ausencia”, con lo cual acuñó una expresión que todavía se usa hoy.
César también tuvo un romance con la reina Eunoe, esposa del rey Bogud de Mauritania (la actual Marruecos), durante su guerra con los pompeyanos en África, pocos meses después de estar con Cleopatra (a quien no voy a mencionar por haber hablado ya de ella en una entrada anterior).
También se le atribuyeron relaciones homosexuales. Cuando tenía 19 años, sirvió bajo el mando de Marco Minucio Thermo en Asia, y se lo envió a la corte del rey Nicomedes de Bitinia para conseguir una flota de barcos de guerra. César logró su objetivo tan rápido que despertó sospechas. Muchos de sus enemigos lo acusaron en los años siguientes de haberse prostituido al rey para conseguir esa flota. Sus propios soldados se burlaron de él en su Triunfo cantando que César había conquistado la Galia y Nicomedes a César.
El poeta Catulo afirmó que Mamurra, oficial encargado del armamento y provisiones durante la guerra de las Galias, era amante de César. También Marco Antonio acusó a Octaviano, cuando se produjo la guerra civil entre ambos, de haberse prostituido a su tío-abuelo César para lograr que lo adoptara como hijo. No obstante, Suetonio, quien recogió esa versión, afirma que lo más probable es que se tratara de pura propaganda política.

domingo, 4 de marzo de 2007

Heliogábalo, el emperador travesti

Sexto Vario Avito era hijo de Sexto Vario Marcelo y de Julia Soemias. La madre de Soemias, Julia Maesa, era hermana de Julia Domna, madre del emperador Antonino Caracalla. El padre de ambas, Julio Basiano, había sido sacerdote del dios solar El-Gabal en la ciudad de Emesa (la actual Homs) en Siria. Por eso al nacer Vario Avito su madre y su abuela decidieron ponerle como segundo sobrenombre “Basiano” y prepararlo para asumir el sacerdocio que había ocupado su bisabuelo. Debido a ese sacerdocio y a su fervorosa devoción por El-Gabal, fue apodado Heliogábalo, una mezcla de “Helios” (el sol en griego) y “Gabal”.
Las cosas cambiaron para Vario Avito Basiano cuando Caracalla murió asesinado en abril del 217. El jefe de la Guardia Pretoriana y probable instigador del homicidio, Marco Opelio Macrino, fue nombrado emperador. Julia Maesa, que entonces vivía en Emesa, vio la oportunidad de tomar el poder. En mayo del 218, las legiones acantonadas en Emesa proclamaron al joven Heliogábalo, de sólo 14 años, emperador. Para fortalecer sus pretensiones al trono, como conté en el texto sobre el incesto, Julia Maesa y Julia Soemias difundieron el rumor de que su verdadero padre no era Vario Marcelo sino el propio Caracalla.
La guerra civil entre Macrino y las tropas de Heliogábalo fue muy corta y terminó con la derrota del primero en Antioquia en junio del 218. Macrino intentó huir a Italia, pero fue capturado en Caledonia y llevado a Capadocia, donde fue ejecutado. Su hijo Diadumeniano, de 5 años, a quien había nombrado corregente y heredero del trono imperial, y a quien había intentado proteger mandándolo a la corte del rey de los partos, fue entregado al ejército de Heliogábalo y también fue ejecutado. Las cabezas de padre e hijo fueron presentadas a Heliogábalo como trofeos.
Ahora Heliogábalo, su madre y su abuela tenían el poder. Julia Maesa se ocupó de poner en los puestos públicos más importantes a sus favoritos y de dirigir los asuntos políticos del Imperio. Recibió grandes honores, entre ellos el privilegio inédito de asistir a las sesiones del Senado romano -algo que estaba prohibido a las mujeres- y el título de “Madre del Senado”.
Su poder empezó a tambalearse cuando Heliogábalo dio muestras de tener un carácter independiente e incontrolable.
Heliogábalo era un homosexual pasivo cuyo mayor placer era ser penetrado por hombres bien dotados. Su obsesión por hallar a esos hombres era tan grande que hizo poner un baño público en el mismo palacio imperial, para poder ver con sus propios ojos los atributos de los romanos que iban a bañarse sin tener que salir de su casa (lo cual significó que, para muchos jovenes ambiciosos, mostrarse desnudos frente al emperador era una forma más eficaz de conseguir honores que adularlo).
También mandó agentes imperiales a los baños públicos -y a los eventos deportivos en Grecia, pues allí los atletas competían totalmente desnudos- de las grandes ciudades para que le consiguieran amantes cuyos penes tuvieran el tamaño adecuado para satisfacerlo. Cuando los encontraban, los mandaban a la capital (y todo esto se hacía con dinero público).
Pero Heliogábalo era tal vez mucho más que un simple chico gay. Los historiadores dicen que llevaba su “depravación” a aparecer en público vestido de mujer. En verdad se consideraba y hablaba de sí mismo como una, y le pedía a sus interlocutores que lo llamaran “señora”. Y pese a que estuvo casado cinco veces y que se acostó con muchas mujeres, incluso prostitutas, dijo que lo hacía para aprender de ellas las técnicas para complacer a un hombre en la cama.
De hecho, Heliogábalo llegó a convocar a los médicos más talentosos y reputados del Imperio para pedirles que le practicaran una operación de cambio de sexo, y les llegó a prometer que entregaría a quien lo consiguiera el gobierno vitalicio de varias provincias. Los médicos utilizaron como cobayos a un grupo de condenados a muerte, pero los resultados no fueron buenos; los más afortunados quedaron con sus genitales mutilados y los más desafortunados murieron. Los médicos lo convencieron de que lo más parecido a una operación de cambio de sexo que podía hacerse era una circuncisión.
Entre sus muchos amantes hubo uno que logró llegar a su corazón, por así decirlo. Se llamaba Hierocles y había sido cochero del palacio hasta que Heliogábalo llegó al trono y lo convirtió en su amante y favorito. Su poder sobre el joven emperador era tal que consiguió desplazar a la propia Julia Maesa. La posición de Hierocles sólo se vio amenazada cuando Heliogábalo recibió a uno de esos amantes provincianos enviados a Roma por sus oficiales, un tal Zotico, cuyos atributos eran tan grandes que el emperador dio muestras de querer tenerlo como su amante principal. Temiendo que su influencia sobre Heliogábalo terminara, Hierocles le puso a Zotico una droga en la comida que lo volvió impotente, tras lo cual el muchacho fue expulsado de la corte y el ex cochero recuperó su poder. Heliogábalo llegó a querer nombrar a Hierocles emperador, siendo él mismo su “emperatriz”.
Heliogábalo gastaba además muchísimo dinero del Erario en diversiones y placeres de todo tipo: banquetes, ropa nueva, espectáculos, etc. También se le atribuyeron algunos actos de crueldad, como asesinar a sus enemigos ahogándolos en rosas o poner un potro en el comedor del palacio para disfrutar de los gritos y gemidos de los torturados mientras banqueteaba.
Otra cosa que provocó la impopularidad del emperador fue su reforma religiosa. Su devoción por El-Gabal lo llevó a convertirlo en el dios principal del panteón romano, llegando casi a suprimir a Júpiter. El dios sirio, rebautizado como Sol Invicto, tenía preeminencia sobre todas las divinidades romanas tradicionales. Heliogábalo llegó a casarse con una virgen vestal (algo totalmente prohibido, pues de la virginidad de esas mujeres dependía el bienestar y la seguridad de Roma, y cualquier vestal que violara sus votos era lapidada junto a su amante) para simbolizar la unión del dios oriental con los dioses romanos.
Finalmente, en el 222, el pueblo y los pretorianos terminaron derrocando a Heliogábalo. El detonador fue la supuesta decisión del emperador de ordenar el asesinato de su primo hermano Severo Alejandro, de 13 años, a quien había adoptado como hijo y heredero. Los pretorianos parece que no sólo se negaron a cumplir la orden, sino que se rebelaron contra Heliogábalo y proclamaron emperador a Alejandro. Heliogábalo (que de paso tenía apenas 18 años), Julia Soemias y Hierocles fueron asesinados junto a centenares de cortesanos, y sus cadáveres fueron arrastrados por las calles de la ciudad y arrojados al Tíber, en medio de la algarabía del populacho. Alejandro ocupó el trono y Julia Maesa -a la que algunos señalan como la verdadera instigadora de la revuelta- recuperó el poder.

sábado, 3 de marzo de 2007

La homosexualidad en la Biblia

El tema de la supuesta homosexualidad de algunos personajes bíblicos ha sido muy debatido por los teólogos e historiadores. Si bien el Levítico (18:22 y 20:13) condena expresamente y con dureza las relaciones entre hombres -aunque curiosamente no hace referencia al lesbianismo-, equiparándolas al incesto y la zoofilia, varias partes del texto bíblico muestran relaciones sospechosamente estrechas entre personas del mismo sexo.
Noemí y Elimelec tenían dos hijos, Majalón y Quelyón, casados con dos moabitas llamadas Orfa y Rut. Al morir los hombres de la familia, Noemí y sus nueras se quedaron solas. Entonces Noemí les pidió a las viudas de sus hijos que regresaran al hogar de sus padres y se volvieran a casar, pero ambas se negaron. Insistiendo, Noemí convenció a Orfa, pero Rut se quedó lealmente a su lado diciéndole: “No insistas más en que te deje alejándome de ti; donde tu vayas, yo iré; donde tu habites, habitaré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios; donde tú mueras yo moriré, y allí quiero ser enterrada. Que me castigue Dios si algo, fuera de la muerte, va a separarme de ti.” (Libro de Rut, 1:16 y 17). Muchos han visto en tan apasionada declaración un signo de que la relación entre suegra y nuera era romántica y/o sexual. La historia tiene un final feliz, pues las dos mujeres viajaron a Belén y allí se encontraron con Booz, un pariente de Elimelec, que se casó con Rut y le dio un hijo, que ella crió junto a Noemí.
Más tarde, en el Libro Primero de Samuel, se nos cuenta la historia de David, biznieto de Rut, y de Jonatan, hijo del rey Saúl, cuya relación era también muy cercana. David, al matar al gigantesco guerrero filisteo Goliat cuando era apenas un adolescente, consiguió convertirse en héroe nacional de los israelitas. Esto le permitió conocer al rey Saúl y a su hijo. En Samuel 18:1 se dice que “cuando David terminó de hablar con Saúl, el alma de Jonatan quedó prendada del alma de David, y Jonatan comenzó a amarlo como a sí mismo”. Y ese mismo día “Jonatan estableció un pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo. Se despojó Jonatan del manto que vestía y se lo dio a David, y su propia armadura, así como su espada, su arco y su cinturón” (Libro Primero de Samuel 18:3 y 4), con lo cual habría quedado o bien desnudo o bien solo cubierto por un taparrabos frente a su amado David.
Saúl, por su parte, si bien simulaba apreciar a David para no ofender al populacho, sentía envidia del joven y realizó varios intentos de deshacerse de él. Al conocer las intenciones de su padre, Jonatan, “que quería mucho a David” (Libro Primero de Samuel 19:1) le informó a su amigo. David luego le comentó a Jonatan que “sabe muy bien tu padre que yo he hallado gracia a tus ojos” (Libro Primero de Samuel 20:3). Luego Jonatan prestó juramento de ser aliado eterno de David y de su Casa “por el amor que le tenía, pues lo amaba como a sí mismo” (Libro Primero de Samuel 20:17). David procedió a huir para ponerse bajo la protección del profeta Samuel.
En un momento, Jonatan intentó convencer a su padre de perdonar a David, y cuando su padre se encolerizó hasta el punto de amenazarlo con su lanza, Jonatan se levantó de la mesa “encendido en cólera y no tomó alimento alguno el segundo día de la nueva luna, porque estaba apenado por David” (Libro Primero de Samuel 20:34). David continuó huyendo de Saúl y Jonatan continuó ayudándolo cada vez que pudo, llegando a confirmar solemnemente su pacto con su Casa (Libro Primero de Samuel 23:18). Cuando Saúl, Jonatan y dos de sus hermanos fueron muertos en una batalla contra los filisteos en el monte Gélboe (Libro Primero de Samuel 31:2), David lamentó su muerte diciendo “¡Jonatan!, en tu muerte me he quedado sin consuelo; / estoy angustiado por ti, hermano mío, Jonatan. / Me eras carísimo. / Tu amor era para mí más dulce que el amor de las mujeres.” (Libro Segundo de Samuel 1:25 y 26; las negritas en este texto son mías)
En el Libro Primero de los Reyes se cuenta que el joven hijo de una viuda murió, y ella le pidió ayuda al profeta Elías. “Respondió Elías: ‘Dame a tu hijo’. Y tomándolo del regazo de ella, lo subió al aposento superior, donde él moraba, y lo acostó sobre su lecho. Y clamó a Jehová diciendo: ‘Jehová, Dios mío, ¿también a esta viuda, que me hospeda, afliges, haciendo morir a su hijo?’. Luego se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová así: ‘Jehová, Dios mío, que vuelva, te ruego, el alma de este niño a su interior!’ Y Jehová oyó la voz de Elías y, volviendo el alma del niño a entrar en él, revivió” (Libro Primero de los Reyes 17:19-22).
En el Libro Segundo de los Reyes, se cuenta una historia análoga, esta vez protagonizada por el profeta Eliseo: otro niño (o adolescente, pues la distinción entre una etapa y otra de la vida era bastante borrosa en esos tiempos) muerto cuya madre le pide al profeta que lo resucite. Esta vez la descripción del procedimiento es más gráfica y sugerente: “Cuando Eliseo llegó a la casa, el niño estaba muerto, acostado sobre su lecho. Entró, se encerró en el aposento con el niño y oró a Jehová. Luego subió al lecho y se tendió sobre el niño; puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos, las palmas sobre sus palmas. Y estando así inclinado sobre él, el cuerpo del niño entró en calor. Eliseo se apartó y se puso a pasear por la casa de acá para allá. Luego subió y se tendió sobre él. Entonces el niño estornudó hasta siete veces y abrió los ojos” (Libro Segundo de los Reyes 4:32-35).
Pienso que en nuestros tiempos es probable que lo que hicieron Elías y Eliseo -acostarse casi como un amante sobre el cadáver de un chico- hubiera sido considerado una mezcla de pederastia y necrofilia…
También se ha hablado mucho del amor de Jesús por su discípulo Juan, que según algunos estudiosos tendría rasgos homosexuales. Pero es imposible saberlo a ciencia cierta, lo mismo que cuál era la naturaleza de la relación del Nazareno con María Magdalena.
Todas estas referencias en la Biblia son sospechosas, pero no sirven para llegar a una conclusión definitiva. No obstante, usar la imaginación no hace daño a nadie.

martes, 13 de febrero de 2007

El cine de Larry Clark

La filmografía de Larry Clark ha despertado muchas polémicas desde su opera prima, Kids, de 1995. Sus críticos más duros lo han acusado de ser prácticamente un realizador de pornografía adolescente. Y lo cierto es que sus películas presentan el sexo entre adolescentes de una manera muy desprejuiciada, una tendencia que ha ido en aumento.
Yo he podido ver tres películas suyas. La primera es la ya mencionada Kids. La segunda es Otro día en el Paraíso. Y la tercera es Bully.

Kids nos narra un día en las vidas de un grupo de adolescentes en Nueva York. Los actores eran verdaderos amateurs, chicos y chicas descubiertos por Clark; entre ellos estaban Leo Fitzpatrick, Chloë Sevigny y Rosario Dawson. Fitzpatrick interpreta a Telly, un chico de 15 años cuya principal afición es hacer el amor con chicas vírgenes y sin usar preservativo. Para su corta edad, Telly tiene una experiencia sexual vasta y actúa con el cinismo de una persona mucho mayor, lo que no significa que sea inteligente: no estudia, no trabaja y vive con la plata que le dan (y que les roba a) sus padres. Tiene un amigo, Casper, que lo sigue a todas partes como un perro faldero, y que siente una mezcla de envidia y admiración por los “éxitos” de Telly. La película arranca con Telly convenciendo a una chica de darle su virginidad. Utilizando toda su persuasión y su hipocresía, logra convencerla de que está enamorado de ella y que si se queda embarazada, él se quedará a su lado. Inmediatamente después lo vemos penetrar a la chica con entusiasmo, haciendo caso omiso al hecho de que ella se queja del dolor. Después de conseguir lo que quería, se va de la casa sin mirar atrás, y se encuentra con Casper esperándolo en la puerta. Allí nos muestra su verdadero rostro, jactándose de lo que acaba de hacer, revelando que la chica, si bien parecía de su edad, tenía en realidad poco más de 12 años y haciendo que Casper huela la mano con que la masturbó.
Una escena de antología es lo que sucede cuando Telly y Casper van al departamento de un grupo de amigos a drogarse y hablar de sexo con ellos. Al mismo tiempo, un grupo de chicas amigas y conocidas del grupo de Casper y Telly están también en casa de una de ellas charlando de sexo. Las visiones de un grupo y otro sobre el tema se contraponen en una de las partes más entretenidas y de lenguaje más escatológico del film.
En ese grupo femenino está Jenny (Sevigny), una chica bastante tímida cuya única experiencia sexual ha sido justamente con Telly. Una amiga suya (Dawson), con bastante más “kilometraje” que Jenny, quiere hacerse un examen de VIH y le pide a Jenny que la acompañe y se haga la prueba con ella; Jenny accede. Para un cinéfilo acostumbrado a las vueltas de tuerca, la noticia no es muy sorprendente, pero para los personajes sí: Jenny tiene SIDA, mientras que su amiga está sana.
Al recibir la noticia, Jenny se siente literalmente al borde de la muerte (recordemos que en los ’90 todavía persistía algo de la paranoia de los ’80 acerca del SIDA), como si estuviera viviendo sus últimos días. Y se dedica durante el resto de la película a buscar a Telly por las calles de Nueva York para darle la noticia e impedir que contagie a otras chicas.
La película me pareció excelente. Las actuaciones eran impresionantes, sobre todo para ser de actores no mucho más viejos que sus personajes.

Otro día en el paraíso (1997) fue la segunda película de Clark. Se diferencia de las demás porque es la única que tiene entre sus protagonistas a actores adultos consagrados. Comienza cuando Bobbie (Vincent Kartheiser), un ladrón adolescente de poca monta, rompe una maquina expendedora en una universidad para robar las monedas. Desafortunadamente, un guardia de seguridad lo pesca y lo golpea brutalmente. La primera escena me ha quedado grabada, al igual que en el caso de Kids: Bobbie logrando romper la máquina y viendo los montones de monedas en el suelo con una expresión de felicidad… para inmediatamente ser atacado por la espalda por un guardia tres veces más pesado que él. Consigue escapar gravemente herido al departamento donde vive con su novia Rosie y un amigo, quien llama a su pariente Mel (James Woods), un hombre acostumbrado a vivir al margen de la ley que seguramente curará las heridas de Bobbie sin hacer preguntas. Hace lo que le piden, pero termina encariñándose con el chico y decide invitarlo a ser su socio. Finalmente, Bobbie y Rosie se unen a Mel y su pareja Sid (Melanie Griffith) y terminan desarrollando una relación muy particular. Mel y Sid terminan viendo a Bobbie y Rosie como los hijos que nunca pudieron tener y Bobbie y Rosie ven a Mel y Sid como segundos padres (pues, como dice Rosie, “a nuestros padres nunca les importamos una mierda”). El embarazo de Rosie y un “negocio” exitoso trae una felicidad efímera a la “familia”, pero al fin el ansia de Mel por ganar dinero a cualquier precio, sin importar lo corrupto o peligroso que sea, terminará por arruinarlo todo.
La película tiene el mismo tratamiento desprejuiciado del sexo y las drogas, pero se diferencia de las otras por ser fundamentalmente un policial. Su final también se diferencia de los de los otros films, pues tiene cierto optimismo (pese a las cosas terribles que suceden durante la película) ausente de los finales oscuros de Kids y Bully.

Bully (2001) está basada en un hecho real ocurrido en Florida en 1993, cuando Bobby Kent fue asesinado por sus amigos Marty Puccio, Alice (Ali) Willis, Lisa Connelly y otros 4 jóvenes. La película nos cuenta la historia con bastante fidelidad (aunque algunos criticaron el hecho de que los actores no se parezcan físicamente a los personajes). Bobby es interpretado por Nick Stahl, Marty por Brad Renfro, Donny Semenec y Derek Kaufman, dos de los asesinos, por Michael Pitt y Leo Fitzpatrick, que volvió a trabajar con Clark después de Kids.
Yo creo que el film se divide en dos partes, una muy buena y la otra muy mala. La buena es cuando se nos muestra la relación entre Marty y Bobby, mostrándonos los motivos del asesinato. Marty era el mejor amigo de Bobby desde que el tercer grado. Pero su relación no era sana: Bobby era lo que los estadounidenses llaman un bully, un chico que abusa física y verbalmente de otros de su edad. Y Marty no estaba excluido de esos abusos por ser su mejor amigo; por el contrario, era su víctima favorita. Bobby vivía para humillar a Marty, y cuando él insinuaba algún gesto de rebeldía, recibía unos cuantos golpes. Mi interpretación personal de la relación entre los dos "amigos" es que era una versión adolescente de la de Norman Bates y su madre en Psicosis. Bobby quería degradar a Marty, para poder someterlo en todos los aspectos. Esa, y no el dinero, es la verdadera razón por la que obliga a Marty a instalar una especie de hotline casera con la que excitaba a clientes homosexuales y, en otra escena de la película, a bailar en el escenario de un boliche gay. Obligar a Marty a prostituirse -porque si bien no era forzado a tener relaciones con otros hombres por dinero, lo que hacía también era prostitución- es una forma de envilecer su cuerpo, lo mismo que -de una manera más sutil- al introducirlo al mundo de las drogas.

Yo sospecho que el deseo más ardiente de Bobby era tener relaciones con Marty; no hacer el amor con él, sino cogérselo (o follarlo, como dicen los españoles). Bobby pertenecía a esa escuela de pensamiento que cree que el sexo no es algo que dos personas hacen juntas, sino algo que una persona le hace a la otra. A sus ojos, violar a Marty (algo que en la realidad sucedió varias veces, según el testimonio que dio en el juicio Marty Puccio, pero que en la película no llega a ocurrir) hubiera sido la forma más definitiva de someterlo, sobre todo si inmediatamente después del coito se hubiera dedicado a avergonzarlo. Y es lo que sucede en una escala menor, inmediatamente después de que Marty baile en el bar gay, cuando manejan de regreso a sus casas: Bobby se burla de él acusandolo de ser homosexual ("You like dick", le dice), pasando por alto el hecho de que fue él quien lo obligó a bailar. Marty se enfurece con él y frena el auto de golpe, y enseguida Bobby le da una trompada brutal... para luego ponerse conciliador y disculparse. Pero el hecho de que Marty no haya decidido cortar por lo sano y terminar su "amistad" con él es la prueba del dominio psicológico que padece.
El poder de Bobby se debilita cuando Marty conoce a Lisa y se pone de novio con ella. No obstante, eso le da a Bobby otra forma cruel de humillar a su amigo: en una escena memorable, entra en la habitación donde Marty y Lisa están haciendo el amor, los golpea y viola a Lisa frente a los ojos de Marty (diciéndole "Me toca a mí", como si Lisa les perteneciera a ambos). Después de eso, Lisa se entera de que está embarazada de un hijo que podría ser de alguno de los dos. Al saber eso, Bobby se dedica a humillarla tanto como a Marty, llamándola con todas las variaciones posibles de la palabra "gorda" que se le ocurren.

No obstante, Lisa no es como Marty. Ella toma la decisión de emparejar a su amiga Ali con Bobby, aunque los motivos no quedan claros. Tal vez simplemente quería distraer a Bobby con alguien con quien acostarse, o tal vez fuese una jugada maquiavélica para que Bobby maltratase a Ali y así poder sumarla al plan para asesinarlo que ya debía tener en su cabeza. Sea por el motivo que sea, Bobby hace lo que Lisa probablemente esperaba: al principio se porta bastante bien, pero luego quiere obligar a Ali a hacer el amor mirando videos pornográficos gay. Asqueada, Ali se niega e intenta irse, pero Bobby la viola, obligándola a decir, mientras la penetra, "You are the best fuck I ever had", que puede traducirse educadamente como "Sos el mejor amante que he tenido"; ella lo obedece, llorando.

Así logra "armarse un caso" contra Bobby Kent. Y este es el punto en que la película pierde su originalidad y empieza la parte mediocre.

Lisa convence a Marty y Ali que hay que matar a Bobby; a Ali, para vengarse por su violación; a Marty, para deshacerse de él de una vez por todas y poder vivir tranquilos. Y Ali, que conoce a toda clase de gente, se dedica a reunir a un grupo de chicos y chicas idiotizados por el alcohol y las drogas para que se unan al plan. Bobby es asesinado, pero los chicos cometen un montón de errores estúpidos que hacen que la policía los atrape de inmediato. Todo se cuenta de una forma grotesca que quiere parecer realista pero no lo logra. A diferencia de lo que sucedía con Kids, los excesos y la temprana decadencia de esos adolescentes de Florida no nos impresiona ni nos conmueve, sino que nos asquea. Ni siquiera cuando son llevados al tribunal y se nos muestran las largas sentencias que recibieron consigue que sintamos compasión. De hecho, inspira más compasión el padre de Bobby sentado en el tribunal con su rostro adusto.

Ese es el balance final de Bully: Clark es brillante a la hora de mostrarnos al personaje de Bobby Kent, pero desastroso cuando llega la hora de retratar su asesinato y a sus asesinos.

martes, 6 de febrero de 2007

Daniel Radcliffe: de hacer magia en "Harry Potter" a hacer desnudos en "Equus"

El actor Daniel Radcliffe, que encarna a Harry Potter en las versiones fílmicas de las novelas, actuará en la obra de teatro Equus, donde aparecerá desnudo. El actor Richard Griffiths, que encarna al tío Vernon en las películas, será el coprotagonista.
Dejando de lado el desnudo, el personaje que Radcliffe encarna no podría ser más distinto que el del mago. La obra es sobre Alan Strang, un adolescente criado por una madre fanática religiosa, que a raiz de su trabajo en unos establos desarrolla una pasión sexual por los caballos, cabalgando desnudo en ellos durante la noche hasta llegar al orgasmo. Strang termina dejando ciegos a seis de los animales con una barra de metal, debido a lo cual es arrestado y puesto a disposición del psiquiatra Martin Dysart (Griffiths). A medida que se dedica a tratar de comprender lo que llevó a Strang a herir de esa manera a los caballos, Dysart se fascina más y más con la obsesión de su paciente.
Aclaro que yo nunca he visto la obra (en general, debo decir que voy al teatro cada muerte de obispo), pero las excelentes críticas que ha recibido desde su estreno en 1973 indican que es disfrutable. Si alguna vez la representan en la Argentina (independientemente de si el actor es o no Radcliffe), intentaré ir a verla. Los papeles protagónicos deben ser muy exigentes. Espero que ambos actores estén a la altura, sobre todo Radcliffe, puesto que si fracasa, posiblemente sufra el "síndrome de Anthony Perkins", condenado a interpretar al mismo personaje una y otra vez.

lunes, 5 de febrero de 2007

César y Cleopatra

El romance entre Cayo Julio César y la reina Cleopatra VII de Egipto es uno de los más famosos de la Historia. Las circunstancias en las que ese romance nació no fueron las que uno podría esperar: Cleopatra y César comenzaron su vida como amantes en medio de una guerra civil encarnizada, tal vez la más difícil en la que César tuvo que luchar.
Cleopatra era hija del rey Tolomeo XII y de su primera esposa Cleopatra Trifena. Tenía una hermana mayor, Berenice. El matrimonio entre Tolomeo y Trifena había sido impuesto por el padre de ella, el poderoso rey Mitrídates VI del Ponto, que deseaba poner a una de sus hijas en el trono egipcio. Tolomeo la mantuvo a su lado hasta que Mitrídates, derrotado por Pompeyo Magno, se suicidó. Una vez que ser yerno de Mitrídates dejó de tener utilidad -y dado que Trifena no le había dado ningún heredero varón-, Tolomeo se divorció de ella y se casó con otra princesa, con quien tuvo una hija, Arsínoe, y dos hijos, ambos llamados Tolomeo.
Trifena no actuó por un tiempo, pero finalmente organizó un coup d'ètat contra su ex marido, apoyada por el populacho de Alejandría. Trifena y su hija Berenice se coronaron faraonas del Alto y del Bajo Egipto, respectivamente, mientras Tolomeo XII huía a Roma llevándose todo el dinero que pudo encontrar.
Tolomeo acudió a los tres personajes más importantes de Roma en aquellos años: los miembros del llamado Primer Triunvirato, Gneo Pompeyo Magno, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso. Tras pagarles un enorme soborno, logró que movilizaran sus influencias a su favor, y un ejército al mando del ex cónsul y gobernador de Siria Aulo Gabinio marchó hacia Alejandría para reponer a Tolomeo XII en el trono egipcio. En el interín, Trifena había muerto, Berenice había reunificado los tronos del Alto y el Bajo Egipto y estaba buscando un marido que pudiera protegerla de los romanos. No lo logró. Los romanos tomaron Alejandría e hicieron prisionera a la usurpadora; el propio Tolomeo la hizo ejecutar.
Tolomeo reinó unos años más antes de morir de causas naturales (aunque no hubiera sido raro que su muerte se hubiese debido al veneno, ni, ya que estamos en el tema, la de Trifena). El trono fue a parar a su hijo mayor Tolomeo XIII, de 12 años y su hija mayor Cleopatra, de 18. Siguiendo la milenaria tradición de los faraones egipcios, los hermanos contrajeron matrimonio (aunque debido a la corta edad de Tolomeo XIII, es probable que la unión nunca haya llegado a consumarse)
Cleopatra demostró de inmediato una voluntad de poder implacable. Marginó a su hermano-esposo de los asuntos de Estado, convirtiéndolo en una figura decorativa. Esto disgustó profundamente a tres personajes que habían tenido gran influencia durante el reinado de Tolomeo XII y esperaban aumentarla bajo el de Tolomeo XIII. Uno de ellos era el gran chambelán Potino, un eunuco. El otro era Aquilas, jefe del ejército egipcio. Y el tercero era Teodoto, el preceptor de Tolomeo XIII. El trío se dedicó a fomentar las desavenencias entre Tolomeo XIII y Cleopatra, y a promover disturbios en Alejandría en contra del gobierno de la reina (esto último se vio favorecido por una terrible hambruna que afectó a la ciudad). Finalmente se produjo una pueblada contra Cleopatra, pero al igual que su padre, logró huir con bastante dinero en su bolsa. Tolomeo XIII la repudió y tomó a su hermana Arsínoe como nueva esposa y reina, pero el poder real estaba en manos de Potino, Aquilas y Teodoto.
Cleopatra escapó a Gaza y usó su dinero para formar un ejército de mercenarios. De todos modos, su situación era difícil. No tenía un general eficaz y confiable y su ejército se disolvería en cuanto a ella se le acabase el dinero. Aquilas también había levantado un ejército y viajaba a Gaza para enfrentarla.
Y fue en ese momento que la guerra civil romana irrumpió en la guerra civil egipcia.
Pompeyo Magno y Julio César habían librado una batalla en Farsalia, Grecia, que había puesto fin al dominio del primero sobre Grecia. Forzado a huir a África, donde sus partidarios se estaban reuniendo, Pompeyo debió hacer una escala en Egipto. Tolomeo y sus "consejeros" no sabían qué hacer. Si permitían a Pompeyo desembarcar en Egipto, se ganarían la enemistad de César. Y si se rehusaban, se ganaban la enemistad de Pompeyo. Y ellos temían tanto al general derrotado como al general victorioso, pues sus roles podían cambiar en cuestión de meses, quizá semanas.
Entonces a Teodoto se le ocurrió una idea genial: matar a Pompeyo. Así, podrían ganarse la amistad de César y no tendrían que temer la enemistad de Pompeyo. "Los muertos no muerden", argumentó el preceptor del rey.
Y así se hizo. El 29 de septiembre del 48 antes de Cristo, Pompeyo desembarcó en la playa de Pelusio, y fue asesinado de inmediato, ante los ojos de su esposa y su hijo menor. Los asesinos se llevaron su anillo y su cabeza, y el cuerpo fue quemado por un liberto suyo que había desembarcado con él.
Al llegar César a Egipto preguntando por Pompeyo, Teodoto, muy orgulloso, le entregó el anillo y la cabeza embalsamada de su enemigo. Pero César no reaccionó como esperaban: lloró la muerte de quien antes había sido su amigo y yerno, y exigió la ejecución de los autores materiales del crímen y el destierro de Teodoto.
Al saber esto, Cleopatra decidió que César era su única esperanza. La estratagema que utilizó para llegar a él fue legendaria: entró en sus aposentos escondida en una alfombra. Aparentemente, esa misma noche durmieron juntos.
Se ha debatido mucho sobre el atractivo de Cleopatra. Hay quienes sostienen que debía ser muy bella, pero en los últimos años ha surgido un grupo de historiadores (en la Argentina los llamaríamos "revisionistas") que creen que era fea, basandose en algunas monedas con su perfil, que la muestran como una mujer poco agraciada. Pero hay bustos suyos (imagen) que en los que no parece tan fea. Plutarco decía que su belleza en sí misma no era tan grande como para volver loco a nadie, pero que tenía un carácter chispeante y una voz hermosa.
Cleopatra logró seducir a César completamente. Al día siguiente, Tolomeo XIII y Potino fueron a visitarlo a sus aposentos y lo encontraron en la cama con su peor enemiga, la reina.
César obligó a Tolomeo a "reconciliarse" con Cleopatra y devolverle el trono. Potino fingió aceptar su decisión, pero de inmediato escribió a Aquilas pidiéndole que volviera con su ejército a Alejandría para deshacerse de César y Cleopatra. Al saber esto, César lo hizo asesinar.
Aquilas llegó a las afueras de la ciudad, y pronto se le unió Arsínoe. Aquilas la recibió con los brazos abiertos, sabiendo que su presencia le daría más legitimidad a su causa; ya no sería un general rebelde, sino un general al servicio de la "legítima" reina de Egipto. Pero Arsínoe no quería compartir el poder con él, y lo asesinó de inmediato, para luego darle el mando del ejército a su preceptor y amante, Ganímedes. El populacho de Alejandría apoyó a Arsínoe.
La guerra de Alejandría fue la más difícil de todas las que tuvo que pelear César. Fue una guerra urbana, como la batalla entre alemanes y soviéticos en Stalingrado, en la que las tropas de César debieron combatir con las de Arsínoe y Ganímedes por la posesión de cada centímetro de la ciudad. César combatió con valentía e inteligencia, pero cometió un error: enviar a Tolomeo para convencer a las tropas de Arsínoe de deponer las armas. Tolomeo, en cambio, se unió a ellos y proclamó nuevamente a Arsínoe reina de Egipto.
Todo terminó con una batalla naval en la que Tolomeo se ahogó a causa del peso de su armadura de oro, y Arsínoe y Ganímedes fueron capturados.
Ahora Cleopatra era la reina indiscutible de Egipto. Convencida de que después de tantas guerras e intrigas palaciegas ambos necesitaban un descanso, Cleopatra llevó a su amante a un crucero por el Nilo. César estaba encantado, y hubiera seguido viajando al sur, hacia Etiopía, de no haberse negado sus soldados. Ya entonces Cleopatra estaba embarazada de un hijo suyo. Pero César no pudo verlo nacer, porque le llegaron informes alarmantes sobre las actividades de los partidarios de Pompeyo en África. Cuando el bebé nació, Cleopatra lo bautizó Tolomeo César, pero fue conocido popularmente como Cesarión (del griego Caesarion, "pequeño César"). Cleopatra estaba casada con el último hermano que le quedaba, Tolomeo XIV, que había permanecido al margen de todos los conflictos político-familiares.
Tras vencer a los pompeyanos en África, César volvió a Roma. Después de restaurar el orden, decidió celebrar sus cuatro Triunfos: el de la Guerra de las Galias, el de la guerra de Alejandría, el de la llamada guerra asiática (que debió librar contra el rey Farnaces del Ponto, si no me equivoco), y el de la guerra africana. Y con la excusa del Triunfo alejandrino, invitó a Cleopatra y a su hermano-esposo a Roma en el año 46. Allí la tuvo como su concubina durante casi dos años, hasta su asesinato en los idus de marzo del 44, tras el cual Cleopatra huyó a Egipto. Unos años después ella y Marco Antonio serían amantes, pero esa es otra historia.

viernes, 2 de febrero de 2007

Leonardo Di Caprio y Lukas Haas

Esta noticia se difundió hace pocos días: Leonardo Di Caprio sería homosexual y estaría en pareja con el actor Lukas Haas (imagen).

De confirmarse sería una verdadera bomba. El caso es que todo está revuelto en las relaciones sentimentales del actor Leonardo DiCaprio. Actualmente en España para promocionar su película Diamante de sangre, Di Caprio confirmó su separación de la modelo israelí Bar Rafaeli. ¿El motivo? Según los rumores de la prensa del corazón: la chica no podía seguir la agitada vida del astro, hombre que -al parecer- vive de parranda pese a su cara de angelito. Pero, claro, la bomba no es esa: una publicación noruega, Ser og Hör, y otros medios amarillistas europeos aseguran que Leo dejó a la modelo por... ¡un muchacho! Se llama Lukas Haas, nació en California, tiene 30 años y es actor.
El periódico nórdico da a entender que DiCaprio siempre fue homosexual, como otros galanes de Hollywood, pero que hasta el momento ha decidido permanecer en el placard. Siguiendo esta línea, sus amoríos con bellas modelos no serían más que una pantalla.
Lo único cierto, por ahora, es que Leo y Lukas son amigos inseparables y que suelen fatigar juntos la noche de Beverly Hills, Manhattan o el sitio que sea, con o sin chicas. Además, Appian Way, la productora del astro de
Titanic, financió el último filme de Haas, The Gardener of Eden, una comedia negra que cuenta la historia de jóvenes alienados que viven en los suburbios de Nueva Jersey.
DiCaprio había comenzado a salir con Bar Rafaeli hace un año, justo después de poner punto final a su noviazgo con la modelo brasileña Gisele Bundchen. Desde entonces, se habían visto a cuentagotas por culpa de sus exigentes carreras profesionales. Según dejan trascender amigos del actor, Leo suele ponerse un poco claustrofóbico en determinado punto de sus relaciones. Y necesita aire y libertad. ¿Ahora la tiene?

Fuente: nota del diario Clarín del 1º de febrero del 2007.

Encontré una nota, también del diario Clarín, que menciona al pasar la intimidad entre Di Caprio y Haas, pero sin insinuar que hubiese nada más entre ellos:

Esta semana la top model brasileña Gisele Bündchen festejó su cumple número 25 en Marquee, una discoteca de moda en Nueva York y todos se divirtieron mucho. Menos su novio, el lacio Leonardo Di Caprio. Las amigas de la modelo parece que estaban de lo más felices, según los diarios del norte, pero en el área VIP, donde todos bailaban sin descanso, Leo pasó la noche quietito y aburrido, fumando cigarros junto con su íntimo amigo, Lukas Hass, con quien se lo vio conversando un poco al menos. John Casablancas, cabeza de la agencia Elite de modelos, volvió a criticar por “hueca” a Gisele, quien abandonó esa agencia cuando ingresaba en la etapa más fuerte de su carrera. El resentido manager ahora dice que ella será muy buena modelo pero intelectualmente es cero. “No hace nada por la humanidad”, exageró Casablancas quien –sangrando por la herida- llegó a decirle una vez a la revista Playboy que la chica se la pasaba fumando marihuana todo el día.

Fuente: nota de Clarín del 22 de junio del 2005.

Al margen de este tema, creo que Di Caprio es un actor excelente (cosa que no creía antes, en la época de la "Leomanía" posterior a Titanic). Sus películas con Scorcese son obras maestras. Imagino que ahora que es un actor consagrado, podría salir del placard sin arruinar su carrera. En cuanto a Haas, he visto unas cuantas películas suyas, y tengo que decir que es un gran actor de reparto, al estilo de Phillip Seymour Hoffman antes de Capote y de Paul Giamatti antes de Entre copas. Otra acotación que tengo que hacer es que otro actor famoso que "revienta la noche" junto a Di Caprio y Haas es Tobey Maguire (Spiderman), que conoce a Di Caprio desde que ambos actuaron en Don´s Plum en 1995-96. ¿Será también "acusado" de homosexualidad?

lunes, 29 de enero de 2007

El incesto de los poderosos

El incesto siempre ha sido uno de los grandes tabúes del género humano. Las uniones sexuales entre parientes, sin embargo, no son tan poco comunes como se cree. Y no son patrimonio exclusivo de las personas de nivel socioeconómico y educativo bajo.
Los faraones de Egipto practicaban el incesto como política de Estado. Como se consideraba que la sangre de los reyes egipcios era demasiado sagrada como para mezclarla con la de un plebeyo o incluso con la de príncipes y princesas de otras casas reales, los faraones debían contraer matrimonio con sus hermanas, primas, tías o sobrinas. Sólo el matrimonio entre padres e hijos estaba prohibido.
Incluso aquellos invasores extranjeros que conquistaron Egipto y se hicieron coronar faraones adoptaron la practica del matrimonio incestuoso. La famosa Cleopatra, por ejemplo (cuya dinastía era originaria de Macedonia), estuvo casada con sus hermanos menores Tolomeo XIII y Tolomeo XIV.
En otros reinos asiáticos, el incesto también se permitía en las familias reales. Herodías (imagen), nieta del rey judío Herodes el Grande, estuvo casada con su tío Herodes Filipo, con quien tuvo una hija (la célebre Salomé), pero se divorció y se casó con otro tío suyo, Herodes Antipas. Ese matrimonio fue muy criticado por Juan el Bautista, no por el incesto que conllevaba, sino por el divorcio de Herodías; porque entre los judíos, el divorcio era un pecado mucho peor que el incesto. Herodes Agripa I, el hermano de Herodías, casó a su hija Berenice con su hermano Herodes Polión. Posteriormente, Berenice abandonó a su esposo-tío y fue por un tiempo amante de su hermano Herodes Agripa II, para luego dejarlo por un amante más poderoso, el emperador Tito. Según algunas fuentes, la vírgen María era sobrina política de José, que había estado casado con una hermana de su madre.
Si bien entre los griegos el incesto no era aceptado, muchos dioses lo practicaban. Zeus (Júpiter para los romanos) se casó con su hermana Hera (Juno) y Hades (Plutón), con su sobrina Perséfone (Proserpina). Afrodita (Venus) estaba casada con su hermano Hefesto (Vulcano), pero lo engañaba continuamente con mortales y con otros dioses, entre ellos sus hermanos Ares (Marte), Apolo y Hermes (Mercurio). Su hijo Eros (Cupido) era, al parecer, producto de la unión incestuosa de Afrodita y su padre Zeus.
Entre los mitos griegos sobre el incesto, el más famoso es el de Edipo. Aquí trascribo el relato de Robert Graves en Los mitos griegos (volumen 2):

Layo, hijo de Lábdaco, se casó con Yocasta y gobernó en Tebas. Afligido por no haber tenido hijos durante largo tiempo, consultó en secreto con el oráculo de Delfos, el cual le informó que esa aparente desgracia era un beneficio, porque cualquier hijo nacido de Yocasta sería su asesino. En consecuencia, repudió a Yocasta, aunque sin darle explicación alguna de su decisión, cosa que la ofendió de tal modo que, después de hacer que se emborrachara, consiguió mañosamente que volviera a sus brazos en cuanto hubo anochecido. Cuando, 9 meses después, Yocasta dio a luz un hijo, Layo lo arrancó de los brazos de la nodriza, le taladró los pies con un clavo, se los ató el uno al otro y lo dejó abandonado en el monte Citerón.
Pero las Parcas habían decidido que ese niño llegara a una vejez lozana. Un pastor corintio lo encontró, lo llamó Edipo porque sus pies estaban deformados por las heridas hechas con el clavo, y lo llevó a Corinto, donde el rey Pólibo reinaba en aquel momento.
Según otra versión de la fábula, Layo no abandonó a Edipo en la montaña, sino que lo encerró en un arca que fue arrojada al mar desde un barco. El arca flotó a la deriva y llegó a la costa de Sición, donde Peribea, la esposa de Pólibo, estaba por casualidad en la playa vigilando a las lavanderas de la casa real. Recogió a Edipo, se retiró a un soto y simuló que sufría los dolores del parto. Como las lavanderas estaban demasiado ocupadas para observar lo que ella hacía, las engañó a todas haciéndoles creer que acababa de dar a luz a aquel niño. Pero Peribea le dijo la verdad a Pólibo, quien, como tampoco tenía hijos, tuvo la satisfacción de criar a Edipo como su hijo propio.Un día, habiéndole vituperado un joven corintio diciéndole que no se parecía lo más mínimo a sus supuestos padres, Edipo fue a preguntar al oráculo de Delfos qué era lo que le reservaba el futuro. "¡Aléjate del altar, desdichado! -le gritó la pitonisa, con repugnancia- ¡Matarás a tu padre y te casarás con tu madre!"
Como Edipo amaba a Pólibo y Peribea y no deseaba causarles un desastre, decidió inmediatamente no volver a Corinto. Pero sucedió que en el estrecho desfiladero entre Delfos y Dáulide se encontró con Layo, quien le ordenó ásperamente que saliese del camino y dejara pasar a sus superiores. Se debe explicar que Layo iba en carro y Edipo a pie. Edipo replicó que no reconocía más superiores que los dioses y sus propios padres.
-¡Tanto peor para ti! -gritó Layo, y ordenó a su cochero, Polifontes, que siguiera adelante. Una de las ruedas magulló el pie de Edipo, quien, impulsado por la ira, mató a Polifontes con la lanza. Luego derribó a Layo, quien cayó al camino enredado en las riendas, fustigó a los caballos e hizo que éstos lo arrastraran y le mataran. El rey de Platea tuvo que enterrar ambos cadáveres.
Layo se estaba dirigiendo al oráculo para preguntarle cómo podía librar a Tebas de la Esfinge. Este monstruo era hija de Tifón y Equidna o, según dicen algunos, del perro Ortro y la Quimera, y había volado a Tebas desde la parte más distante de Etiopía. Se la reconocía fácilmente por su cabeza de mujer, cuerpo de león, cola de serpiente y alas de águila. Hera había enviado recientemente a la Esfinge para castigar la ciudad de Tebas porque Layo había raptado en Pisa al niño Crisipo; habiéndose instalado en el monte Picio, cerca de la ciudad, proponía a cada viajero tebano que pasaba por allí un enigma que le habían enseñado las Tres Musas: "¿Qué ser, con sólo una voz, tiene a veces dos pies, a veces tres, a veces cuatro y es más débil cuantos más pies tiene?" A los que no podían resolver el enigma los estrangulaba y devoraba en el acto, y entre esos infortunados estaba Hemón, el sobrino de Yocasta, a quien la Esfinge hizo
haimon, o "sangriento", verdaderamente.
Edipo, quien se acercaba a Tebas inmediatamente después de haber matado a Layo, adivinó la respuesta: "El hombre -contestó-, porque se arrastra a gatas cuando es niño, se mantiene firmemente en sus dos pies en la juventud, y se apoya en un bastón en la vejez." La Esfinge, mortificada, saltó desde el monte Picio y se despedazó en el valle de abajo. En vista de esto los tebanos, agradecidos, aclamaron a Edipo como rey, y se casó con Yocasta, ignorando que era su madre.
Entonces una peste invadió Tebas y cuando se consultó una vez más al oráculo de Delfos, contestó: "¡Expulsad al asesino de Layo!" Edipo, que no sabía con quién se había encontrado en el desfiladero, maldijo al asesino de Layo y lo condenó al destierro.
El ciego Tiresias, el adivino más famoso de Grecia en esa época, pidió a Edipo una audiencia. Algunos dicen que Atenea, quien lo había cegado, porque inadvertidamente la había visto bañándose, atendió a la súplica de su madre y, tomando a la serpiente Erictonio de su égida, le ordenó: "Limpia los oídos de Tiresias con tu lengua para que pueda entender el lenguaje de las aves proféticas."
Otros dicen que en una ocasión, en el monte Cilene, Tiresias había visto a dos serpientes en el acto de acoplarse. Cuando ambas lo atacaron, las golpeó con su bastón y mató a la hembra. Inmediatamente Tiresias se convirtió en una mujer y llegó a ser una prostituta célebre; pero 7 años después acertó a ver el mismo espectáculo y en el mismo lugar, y esta vez recuperó su virilidad matando a la serpiente macho. Otros dicen que cuando Afrodita y las tres Carites, Pasítea, Calé y Eufrósine, disputaron acerca de cuál de las cuatro era más bella, Tiresias otorgó el premio a Calé; inmediatamente Afrodita lo convirtió en una anciana. Pero Calé lo llevó consigo a Creta y le regaló una hermosa cabellera. Algunos días después Hera comenzó a reprocharle a Zeus sus numerosas infidelidades. Él las defendió alegando que, en todo caso, cuando compartía el lecho con ella, ella disfrutaba muchísimo más que él.
-Las mujeres, por supuesto, gozan con el acto sexual infinitamente más que los hombres -le dijo en tono fanfarrón.
-¡Qué tontería! -replicó Hera- Sucede exactamente lo contrario y lo sabes muy bien.
Tiresias, llamado para arbitrar la disputa con su experiencia personal, declaró: "Si en diez partes divides el placer del amor, una va a los hombres y nueve a la mujer." La sonrisa triunfante de Zeus exasperó de tal modo a Hera que cegó a Tiresias, pero Zeus lo compensó con la visión interior y una vida que abarcó siete generaciones.
Tiresias se presentó en la corte de Edipo, apoyándose en el bastón de madera de cornejo que le había dado Atenea, y reveló a Edipo la voluntad de los dioses: que la peste cesaría solamente si un Hombre Sembrado moría en beneficio de la ciudad. El padre de Yocasta, Meneceo, uno de los que habían brotado de la tierra cuando Cadmo sembró los dientes de la serpiente, se arrojó inmediatamente de las murallas, y toda Tebas elogió su abnegación cívica.
Tiresias anunció luego:
-Meneceo ha obrado bien y la peste cesará. Pero los dioses tienen en consideración a otro de los Hombres Sembrados, uno de la tercera generación pues ha matado a su padre y se ha casado con su madre. ¡Sabed, reina Yocasta, que ese hombre es vuestro marido Edipo!
Al principio nadie quiso creer a Tiresias, pero pronto sus palabras quedaron confirmadas por una carta de Peribea desde Corinto. Escribía que la súbita muerte del rey Pólibo le permitía ahora revelar las circunstancias de la adopción de Edipo, y lo hacía con detalles condenatorios. Yocasta se ahorcó de vergüenza y de pena y Edipo se cegó con un alfiler que tomó de los vestidos de ella.
Algunos dicen que, aunque atormentado por las Erinias, que le acusaban de haber causado la muerte de su madre, Edipo siguió reinando en Tebas durante un tiempo, hasta que murió en una batalla. Según otros, sin embargo, el hermano de Yocasta, Créonte, le expulsó, pero no antes que maldijera a Eteocles y Polinices -que eran al mismo tiempo hijos y hermanos suyos- cuando insolentemente le enviaron la parte inferior de un animal sacrificado, o sea el anca en vez del cuarto delantero que correspondía al rey. En consecuencia observaron sin derramar lágrimas cómo abandonaba la ciudad que había librado del poder de la Esfinge. Después de vagar durante muchos años de un país a otro, guiado por su fiel hija Antígona, Edipo llegó por fin a Colono en el Ática, donde las Erinias, que tienen allí un bosquecillo, lo persiguieron hasta matarlo, y Teseo enterró su cadáver en el recinto de los Solemnes de Atenas, y lo lloró al lado de Antígona.

Cuando el general romano Lucio Licinio Lúculo se divorció de su esposa Clodia, la acusó de incesto con su hermano Publio Clodio y con su hermana mayor, también llamada Clodia. Esta segunda Clodia fue famosa por ser amante del poeta Cayo Valerio Cátulo -que le dedicó muchos poemas llamándola Lesbia- y de Marco Celio Rufo. Pero Celio terminó cansandose de ella y la abandonó, tras lo cual Clodia lo acusó de intentar envenenarla. Cicerón lo defendió, y durante el juicio se dedicó a atacar irónicamente a Clodia usando sus supuestas relaciones incestuosas con su hermano.
El caso de Agripinila, que mencioné en el texto sobre el emperador Nerón, fue paradigmático: se acostó con su hermano Calígula, su tío Claudio y su hijo Nerón (en el primer caso, por pura lujuria, en los otros dos por motivos políticos). No obstante, no era la única incestuosa de su familia; sus hermanas Julia y Drusila eran también amantes de Calígula. Drusila era su preferida, y cuando murió, la hizo adorar como diosa con el nombre de Pantea.
El emperador Commodo (el villano de la horrible película Gladiador) tenía relaciones incestuosas con su hermana Lucila, lo que no impidió que la mandase asesinar cuando trató de derrocarlo para poner en el trono a su marido.
El emperador Antonino Caracalla, al parecer, cometió incesto con su madre, Julia Domna (imagen), tras entrar a su dormitorio y encontrarla semidesnuda por accidente. Tras su muerte, el hijo de su prima hermana Julia Soemias, Heliogábalo, reclamó el trono y afirmó ser hijo de la unión incestuosa de su madre con Caracalla.
Desde la Edad Media, las dinastías europeas se han casado entre sí continuamente. Por supuesto, no llegaron a los extremos de los pueblos antiguos (no permitían uniones entre tíos y sobrinos, hermanos y hermanas ni padres e hijos), pero organizaron muchísimos enlaces entre primos. De vez en cuando, algunos matrimonios con plebeyas -como el del rey Eduardo IV de Inglaterra (imagen) con Isabel Woodville, del cual descendían, entre otros, el rey Enrique VIII y la reina Isabel I- o algún adulterio de las reinas y princesas "limpiaba" la sangre real. Pero en general puede decirse que las uniones entre primos fueron la regla, al menos, hasta el siglo XX, cuando los nobles europeos eligieron cada vez más casarse con plebeyos (en ese sentido, el matrimonio de Rainero de Mónaco con la actriz estadounidense Grace Kelly fue signo de los nuevos tiempos). Ahora, los príncipes y princesas salen de su casa para buscar pareja.
El incesto estuvo muy presente en la familia del gran monstruo del siglo XX, Aldolf Hitler. Su padre Alois y su madre Klara eran, según algunas versiones, primos en segundo grado, y según otras, tío y sobrina. Años más tarde, Hitler repitió la historia de sus padres con su sobrina Geli Raubal, la hija de su hermanastra Angela. Fueron amantes hasta que Geli se suicidó en 1931, a los 23 años, tras lo cual Hitler la reemplazó con Eva Braun, entonces de 19 años.