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lunes, 14 de mayo de 2007

Fragmento de "Ricardo III", de Shakespeare

Esta escena es, para mí, una de las mejores escritas por William Shakespeare. Forma parte de Ricardo III, una obra que narra el ascenso del malvado Ricardo, duque de Gloucester, al trono inglés, y su caída, en el contexto de la Guerra de las Dos Rosas. Ricardo, a lo largo de la obra, hace gala de su crueldad y brutalidad, pero también es capaz de ser muy seductor cuando le conviene. Y es en esta escena que Gloucester muestra mejor esa faceta suya, cuando seduce a Ana, la viuda de Eduardo de Lancaster y nuera de Enrique VI, dos hombres a quién él mismo asesinó.

(Entra el cadáver del rey Enrique VI, llevado en un ataúd abierto, caballeros con alabardas, escoltándolo, y Lady Ana, en lamentaciones.)
Ana: Dejadlo, dejad vuestra honrosa carga (si es que el honor puede envolverse en sudario en un ataúd), mientras yo hago las exequias lamentando algún tiempo la prematura caída del virtuoso Lancaster. ¡Pobre figura de un sagrado rey, tan fría como una llave! ¡Pálidas cenizas de la Casa de Lancaster! ¡Oh, tú, resto exangüe de esa sangre real! Séame lícito invocar a tu espíritu para que oiga los lamentos de la pobre Ana, esposa de tu Eduardo, tu hijo asesinado, apuñalado por la misma mano que hizo estas heridas! Mira, en estas ventanas que dejan escapar tu vida, vierto el bálsamo inerme de mis pobres ojos. ¡Ah, maldita sea la mano que hizo estos agujeros! ¡Maldito el corazón que tuvo corazón para hacerlo! ¡Maldita la sangre que dejó escapar aquí esta sangre! ¡Más triste suerte tenga ese odiado miserable que nos hace miserables con tu muerte, de la que puedo desear a víboras, arañas, sapos, o cualquier otro ser envenenado que viva! Si alguna vez tiene hijo, ¡que sea un aborto, monstruoso y salido a luz a destiempo, con aspecto feo y raro que horrorice a la esperanzada madre al verlo; y que sea heredero de su infelicidad! Si tiene esposa alguna vez, ¡que sufra más con su muerte que yo con la de mi joven señor y la tuya! Id ahora a Chertsey con vuestra sagrada carga, traída de San Pablo para enterrarla allí; pero siempre que os canséis del peso, descansad, mientras yo me lamento sobre el cadáver del rey Enrique.
(Los portadores levantan el ataúd y se ponen en marcha)
Entra Ricardo, Duque de Gloucester
Gloucester: Deteneos, los que lleváis el cadáver, y dejadlo abajo.
Ana: ¿Qué negro hechicero conjura este demonio para que interrumpa devotas acciones de caridad?
Gloucester: Villanos, ¡dejad el cadáver, o, por San Pablo, que dejaré cadáver al primero que desobedezca!
Caballero primero: Señor, echaos a un lado, y dejad pasar el ataúd.
Gloucester: ¡Perro grosero! ¡Detente cuando yo mando! Levanta la alabarda más alta que mi pecho, o, por San Pablo, te derribaré de un golpe a mis pies, y te pisotearé, mendigo, por tu audacia.
(Los portadores dejan el ataúd)
Ana: ¿Qué tembláis? ¿Tenéis miedo todos? Ay, no os censuro, pues sois mortales, y los ojos mortales no pueden soportar al Diablo. ¡Fuera, horrendo ministro del Infierno! Tú sólo tienes poder sobre su cuerpo mortal, pero no puedes tener su alma: así que, ¡fuera!
Gloucester: Dulce santa, por caridad, no seas tan maldiciente.
Ana: ¡Sucio demonio, oir Dios, vete de aquí y no nos molestes! Pues tú has hecho tu infierno de la tierra feliz, llenándola con gritos de maldición y hondos clamores. Si te complace observar tus horrendas acciones, observa este modelo de tus carnicerías. ¡Ah, caballeros, ved, ved! ¡Las heridas de Enrique muerto abren sus bocas cuajadas y vuelven a sangrar! Enrojece, enrojece, bulto de sucia deformidad; pues es tu presencia la que hace salir esa sangre de venas frías y vacías, donde no queda sangre. Tu acción, inhumana y contra la naturaleza, provoca este desbordamiento contra la naturaleza. ¡Oh, Dios, que hiciste esta sangre, venga su muerte! ¡Oh tierra, que bebes esta sangre, venga su muerto! ¡Oh cielo deje muerte con un rayo al asesino, o la tierra abra su boca y se lo trague vivo, como tú te tragas la sangre de este buen rey, que su brazo, gobernado por el infierno, ha asesinado!
Gloucester: Señora, desconocéis las reglas de la caridad, que devuelve bien por mal, bendiciones por maldiciones.
Ana: Villano, tú no conoces ley de Dios ni de hombre: no hay animal tan feroz que no conozca algún toque de piedad.
Gloucester: Pues yo no lo conozco, así que no soy animal.
Ana: ¡Qué prodigio que los demonios digan la verdad!
Gloucester: Más prodigio que los ángeles sean tan iracundos. Dignaos, divina perfección de mujer, darme permiso para que yo me disculpe con detalle de esas supuestas maldades.
Ana: Dignaos, deforme contagio de hombre, darme permiso para que yo os maldiga en vuestro maldito ser por esas conocidas maldades.
Gloucester: Tú, más bella que lo que la lengua puede decirte, déjame un rato de paciencia para excusarme.
Ana: Tú, más vil que lo que el corazón puede pensarte, no puede dar otra excusa válida sino ahorcarte.
Gloucester: Con tal desesperación, me acusaría a mí mismo.
Ana: Y, deseperando, quedarías excusado por hacer digna venganza en ti mismo, tú que diste indigna muerte violenta a otros.
Gloucester: ¿Y si yo no les hubiera matado?
Ana: Bueno, entonces no estarían muertos, pero muertos están, y por ti, esclavo diabólico.
Gloucester: Yo no maté a tu marido.
Ana: Entonces está vivo.
Gloucester: No, está muerto, y muerto por mano de Eduardo.
Ana: Mientes con toda tu sucia boca: la reina Margarita vio tu criminal cimitarra humeando de su sangre, que tú le dirigiste a ella contra su pecho, aunque tus hermanos desviaron la punta.
Gloucester: Me provocó su lengua calumniosa, que echaba la culpa en mis hombros inocentes.
Ana: Te provocó tu ánimo sanguinario, que nunca soñó otra cosa que matanzas: ¿no mataste tú a este Rey?
Gloucester: Os lo concedo.
Ana: ¿Me lo concedes, erizo? Entonces, ¡que Dios me conceda también que seas condenado por esa maldad! ¡Ah, él era amable, bondadoso y virtuoso!
Gloucester: Más apropiado para el Rey del Cielo, que le tiene.
Ana: Está en el Cielo, adonde tú nunca irás.
Gloucester: Que él me dé gracias, puesto que le ayudé a llegar allá; porque él servía más para ese sitio que para la tierra.
Ana: Y tú no sirves para otro sitio sino para el infierno.
Gloucester: Sí, para otro sitio, si me dejas nombrarlo.
Ana: Algún calabozo.
Gloucester: Tu alcoba.
Ana: ¡Mal descanso haya en el cuarto en el que te acuestes!
Gloucester: Así será, señora, hasta que te acuestes conmigo.
Ana: Así lo espero.
Gloucester: Lo sé. Pero, ilustre lady Ana, para dejar este agudo combate de nuestros ingenios, y bajar un poco, a un método más lento: el causante de las prematuras muertes de esos Plantagenet, Enrique y Eduardo, ¿no es tan culpable como el ejecutor?
Ana: Tú fuiste la causa y el más maldito ejecutor.
Gloucester: Tu belleza fue la causa de ese efecto: tu belleza, que me acosaba en mi sueño a que acometiera la muerte del mundo entero, con tal de poder vivir una hora en tu dulce seno.
Ana: Si eso pensabas, te diré, homicida, que estas uñas desgarrarán esa belleza de mis mejillas.
Gloucester: Mis ojos no podrán soportar la ruina de esa belleza; no la injuriaréis, si estoy yo presente: todo el mundo se alegra con ver el sol, como yo con ella: es mi día, mi vida.
Ana: ¡Negra noche dé sombra a tu día, y muerte a tu vida!
Gloucester: No te maldigas, hermosa criatura: tú eres ambas cosas.
Ana: Querría serlo para vengarme de ti.
Gloucester: Es una querella contra la naturaleza: vengarse contra el que te ama.
Ana: Es una querella justa y razonable, vengarse del que mató a mi marido.
Gloucester: El que te privó de tu marido, señora, lo hizo para ayudarte a tener mejor marido.
Ana: Mejor que él, no respira otro sobre la tierra.
Gloucester: Vive alguien que te quiere mejor de lo que él sabría.
Ana: Nómbrale.

Gloucester: Plantagenet.
Ana: Ah, ése era él.
Gloucester: Otro del mismo nombre, pero de mejor naturaleza.

Ana: ¿Dónde está?
Gloucester: Aquí.
(Ella lo escupe) ¿Por qué me escupes?
Ana: ¡Ojalá fuera veneno mortal para ti!
Gloucester: Nunca salió veneno de tan dulce hogar.
Ana: Jamás cubrió veneno a un sapo más sucio. ¡Quítate de mis vista! Me enfermas los ojos.
Gloucester: Tus ojos, dulce señora, han enfermado a los míos.
Ana: ¡Ojalá fueran basiliscos, para dejarte muerto!
Gloucester: Ojalá lo fueran, para que yo muriera enseguida, pues ahora me matan con muerte en vida. Esos ojos tuyos han sacado a los míos lágrimas saladas, avergonzando su aspecto con abundancia de gotas pueriles: estos ojos, que jamás vertieron lágrimas de remordimiento, ni aun cuando mi padre York y Eduardo lloraron al oír el triste gemido que lanzó Rutland cuando Clifford, el de cara negra, le clavó la espada, ni cuando tu belicoso padre, como un niño, contaba la triste historia de la muerte de mi padre, deteniéndose veinte veces a sollozar y llorar, de tal modo que todos los presentes se mojaban las mejillas, como árboles salpicados de lluvia; en ese triste tiempo, mis viriles ojos despreciaron cualquier humilde lágrima; y lo que esas tristezas no pudieron sacar de ellos, tu belleza ha podido, cegándolos de llanto. Nunca solicité, ni a amigo ni a enemigo; mi lengua jamás pudo aprender dulces palabras ablandadores; pero, ahora que se presenta tu belleza como mi paga, mi orgulloso corazón solicita, y apunta a mi lengua para que hable.
(Ella lo mira con desprecio)
No enseñes tal desprecio a tus labios, pues se hicieron para besar, señora, no para tal desprecio. Si tu vengativo corazón no puede perdonar, mira, aquí te presto esta aguda espada, y si e place ocultarla en este pecho fiel, dejando escapar el alma que te adora, lo ofrezco desnudo al golpe mortal, mendigando humildemente la muerte de rodillas.
(Presenta el pecho abierto: ella se dispone a herirlo con la espada)
No, no te detengas: pues yo maté al rey Enrique, pero fue tu belleza la que me provocó. Sí, acaba ya: fui yo quien apuñaló al joven Eduardo, pero tu rostro celestial quien me llevó a ello.
(Ella deja caer la espada)
Toma la espada otra vez, o tómame a mí.
Ana: Levántate, simulador: aunque deseo tu muerte, no quiero ser tu verdugo.
Gloucester: Entonces, pídeme que me mate, y lo haré.
Ana: Ya lo he dicho.
Gloucester: Fue en tu furia: vuelve a decirlo, y, sólo con la palabra, esta mano que, por tu amor, mató a tu amor, matará por tu amor a un más fiel amor: serás cómplice de sus dos muertes.
Ana: Querría conocer tu corazón.
Gloucester: Está trazado en mi lengua.
Ana: Temo que los dos son falsos.
Gloucester: Entonces jamás hubo hombre veraz.
Ana: Bien, bien, vuelve a tomar tu espada.
Gloucester: Di entonces que mi paz está hecha.
Ana: Eso ya lo sabrás después.
Gloucester: Pero, ¿viviré con esperanza?
Ana: Mi esperanza es que todos los hombres vivan así.
Gloucester: Dígnate llevar este anillo.
Ana: Tomar no es dar.
Gloucester: Mira, igual que este anillo ciñe mi dedo, así tu pecho encierra mi pobre corazón; llévalos uno y otro, pues ambos son tuyos. Y si tu pobre servidor devoto puede pedir un solo favor de tu graciosa mano, confirma sí su felicidad para siempre.
Ana: ¿Qué es?
Gloucester: Que te plazca dejar esos tristes pensamientos al que tiene más motivo para enlutarse, y vayas enseguida a Crosby Place, donde, después de que yo entierre solemnemente en el monasterio de Chertsey a este ilustre rey y moje su tumba con mis lágrimas de arrepentimiento, iré a verte con todas las ceremonias convenientes. Por diversas razones desconocidas, concédeme este don.
Ana: Con todo mi corazón, y mucho me alegra también verte tan arrepentido. Tressel y Berkeley, venid conmigo.
Gloucester: Dime adiós.
Ana: Es más de lo que mereces; pero, puesto que me enseñas a adularte, imagina que ya te he dicho adiós.
(Se van Lady Ana, Tressel y Berkeley)
Gloucester: Señores, llevaos el cadáver.
Caballero: ¿A Chertsey, noble señor?
Gloucester: No, a White-Friars: esperad allí a mi llegada.
(Se van todos menos Gloucester)
¿Se ha cortejado jamás a una mujer en tal humor? ¿Se ha conquistado jamás a una mujer en tal humor? Yo la he conquistado, pero no la conservaré mucho tiempo. ¡Qué!, yo, que maté a su marido y a su padre, ¡apoderarme de ella en el mayor odio de su corazón, con maldiciones en la boca, y lágrimas en los ojos, al lado de ensangrentado testigo de su odio; teniendo contra mí a Dios, a su conciencia y estos obstáculos, y sin amigos que respaldaran mi pretensión al mismo tiempo, sino el mismo demonio y la cara simuladora, y sin embargo, ganarla a ella: el mundo entero contra nada. ¡Ja, ja! ¿Ha olvidado ya a aquel valiente príncipe, Eduardo, su señor, a quien yo, hará unos tres meses, apuñalé en mi furia en Tewksbury? El espacioso mundo no puede volver a ofrecer un caballero más dulce y amable, formado en la prodigalidad de la naturaleza, joven, valiente y sabio, sin duda egregio de veras; y, con todo, ¿ella baja los ojos hasta mí, que segué la dorada primavera de ese dulce príncipe, y la dejé viuda en lecho de gemidos; hasta mí, que no igualo entero a la mitad de Eduardo; a mí, que soy tan renqueante y deforme? Apuesto mi ducado contra un ochavo de mendigo, que me había engañado hasta ahora sobre mi persona: por vida mía, aunque yo no pueda, ella encuentra que soy un hombre maravillosamente grato. Me gastaré algo en un espejo y ocuparé una veintena o dos de sastres en que estudien modas con que adornar mi cuerpo: puesto que he llegado a introducirme en mi propio favor, lo mantendré en la tumba, y luego volveré con lamentos a mi amor. Brilla, hermoso sol, hasta que me compre un espejo, para que pueda ver mi sombra al caminar.
(Se va)

domingo, 13 de mayo de 2007

Programación de la semana del 14/5/2007

Lunes 14/5
Ricardo III
Europa europa - 0:00
El príncipe de Jutland
Europa europa - 3:20
La intérprete
Cinecanal - 12:45
El Padrino
Cinecanal - 18:55
No va más
Europa europa - 20:05
The comfort of the strangers (Juego veneciano)
Europa europa - 22:00
Las cenizas de Ángela
I.Sat - 23:00

Martes 15/5
Mean Creek (Río Maldito)
Cinecanal - 0:00
Historias prohibidas
Europa europa - 2:55
El Padrino
Cinecanal - 7:05
El Padrino II
Cinecanal - 10:10
La casa de las dagas voladoras
Cinecanal - 22:00

Miércoles 16/5
Contracara
TNT - 19:00
Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones
Cinecanal - 19:25
Tarnation
I.Sat - 23:00

Jueves 17/5
Ray
Cinecanal - 0:40
The boxer (Golpe a la vida)
Cinecanal - 3:25
Madame Bovary
Europa europa - 10:00
Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones
Cinecanal - 11:30
Harry Potter y la Cámara Secreta
TNT - 22:00

Viernes 18/5
Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza
Cinecanal - 5:45
Bailarina en la oscuridad
Europa europa - 17:20
Matrix: recargado
TNT - 22:00

Sábado 19/5
The Truman Show
Cinecanal - 17:55
En el corazón de la mentira
Europa europa - 20:00
Matrix: recargado
TNT - 22:00
Ricardo III
Europa europa - 22:00

Domingo 20/5
Todo sobre mi madre
Cinecanal - 0:00
Matrix
TNT - 19:15
La intérprete
Cinecanal - 19:40
Los amigos de Peter
Europa europa - 20:05
Matrix: recargado
TNT - 22:00
El príncipe perdido (1ª parte)
Europa europa - 22:00

sábado, 12 de mayo de 2007

"Bailarina en la oscuridad" (2000)

Lars Von Trier tiene una evidente predilección por las trilogías. Primero realizó su trilogía sobre Europa, compuesta por El elemento del crímen (1984), Epidemia (1987) y Europa (1991). Luego vino la "Trilogía del Corazón de Oro", de la que forman parte Breaking the waves (1996), Los idiotas (1998) y Bailarina en la oscuridad, de la que voy a hablar hoy. La última trilogía es sobre los Estados Unidos, se titula "EUA, Tierra de las Oportunidades" y está compuesta por mi amada Dogville, por su decepcionante secuela Manderlay y por Wasington (así, sin "H"), que ha sido pospuesta indefinidamente, tal vez por el fracaso de Manderlay. Lamentablemente, de todas esas camadas de films yo sólo he podido ver (en este orden) Dogville, Bailarina en la oscuridad y Manderlay.
Ver Bailarina en la oscuridad es una experiencia muy difícil, incluso para un cinéfilo cuyo corazón ha sido endurecido al ver películas llenas de violencia y sufrimiento. Francamente, cuando la vi por primera vez tuve que cambiar de canal. Me parecía demasiado pretensiosa y llena de golpes bajos.
La segunda vez que la vi lo hice sintiendo mayor desapego hacia la historia y su protagonista, y pude no sólo verla hasta el final, sino incluso disfrutarla. La cantante Björk encarna a Selma, una inmigrante checoslovaca que vive en los Estados Unidos en 1964. Es miope y tiene un hijo de 11 años con el mismo problema. Madre e hijo habitan una casa rodante en los terrenos de Bill Huston (David Morse), un policía a quien le pagan alquiler, y viven muy humildemente, pues Selma trabaja en una fábrica y ahorra cada centavo que cobra para, en teoría, mandárselos a su padre en Checoslovaquia. No obstante, Selma -una amante de los musicales- se las arregla para gozar de algunos momentos de felicidad, participando en una puesta en escena de La novicia rebelde y yendo al cine con frecuencia junto a su amiga Kathy (Catherine Deneuve).
Creo que detallar la tragedia que arrasa con la vida de la pobre Selma es una tentación a la que me tengo que resistir. No obstante, lo que sí debo decir es que Von Trier -al igual que hizo antes con Los idiotas y haría después con Dogville y Manderlay- experimenta con una nueva forma de hacer cine. En este caso, Von Trier mezcla dos géneros tan poco relacionados entre sí como el drama y el musical. A lo largo de la película, para evadirse de su cada vez más terrible realidad, Selma fantasea con formar parte de un musical, imaginando a ella y a quienes la rodean cantando y bailando alegremente. Las escenas "reales" aparecen con colores más apagados que las imaginadas por Selma.
Escenas destacadas:
  • Kathy describiendole a Selma los pasos que dan las bailarinas en un musical, en el cine.
  • El enfrentamiento entre Selma y Bill, la parte más dura de la película.
  • Los números musicales de la fábrica y el juzgado.
Calificación: 10

viernes, 11 de mayo de 2007

Las hermanas de Enrique VIII (2ª parte)

María Tudor, nacida el 18 de marzo de 1496, fue la quinta hija de Enrique VII. Al crecer, se convirtió en la princesa más bella de Inglaterra y una de las más hermosas de Europa.
En 1508, Enrique VII hizo arreglos con el emperador Maximiliano de Habsburgo para casar a María con su nieto Carlos de Borgoña, que luego se convertiría en rey de España con el nombre de Carlos I y en emperador de Alemania con el de Carlos V. La unión debía celebrarse en mayo de 1514, cuando Carlos cumpliese 14 años.
No obstante, cuando llegó la fecha, Maximiliano ya no estaba interesado en la alianza familiar con Inglaterra. En ese momento Enrique VII había muerto y reinaba Enrique VIII. Como conté antes, Enrique había invadido Francia, pero luego había terminado firmando la paz. Y cuando se dio cuenta de que el matrimonio de su hermana con Carlos de Borgoña no iba a realizarse, decidió casarla con el rey de Francia, Luis XII. Sabía que María no estaría contenta con este segundo arreglo: en vez de un marido 4 años menor, le ofrecían uno 34 años mayor.
Parece que María, que tenía una relación muy estrecha con su hermano, le dijo que se casaría con Luis XII si en caso de enviudar, ella tenía permiso para elegir a su segundo esposo por su cuenta. Confesó que estaba enamorada de Charles Brandon, un amigo íntimo de Enrique VIII a quien él había nombrado duque de Suffolk, y que él estaba enamorado de ella.
La mejor forma de describir a Suffolk es decir que era la clase de hombre a quien uno le encantaría tener como amigo, pero a quien uno jamás querría tener como yerno (o cuñado). Hijo de William Brandon, uno de los partidarios más fieles de Enrique VII durante su guerra contra Ricardo III, Charles se había hecho amigo de Enrique en 1502, compartiendo con él la pasión por los deportes y las mujeres. Enrique, de todos modos, accedió, queriendo que su hermana fuese a Francia de buena gana y con la esperanza de que Luis XII viviera lo suficiente como para que a María se le pasasen las ganas de casarse con Suffolk.
El matrimonio se celebró en el palacio de Greenwich el 13 de agosto de 1514. Luis no estuvo presente en la ceremonia, sino que envió al duque de Longueville para representarlo. Luego el matrimonio se "consumó" (Longueville se metió desnudo en la cama con María y tocó su cuerpo con la pierna). A causa del mal clima, María pudo viajar a Francia recién el 2 de octubre de 1514.
El 9, en las afueras de Abbeville, María conoció por fin a su nuevo esposo, el rey de Francia. La unión entre ambos fue efímera, pues Luis XII murió en diciembre de 1514. Muchos dijeron después que su abrupta muerte se debió a un exceso de actividad sexual (nada raro, considerando la belleza de María y el hecho de que Luis era un hombre viejo y enfermizo). María fue reina de Francia durante apenas 82 días.
El nuevo rey, Francisco I, obligó a María a cumplir con la tradición francesa de que las reinas viudas se recluyeran durante 40 días tras la muerte del rey. No obstante, la visitaba frecuentemente y la trataba con mucho cariño y simpatía. Sabía que, ahora que su hermana estaba soltera otra vez, Enrique la casaría con algún otro príncipe (tal vez, temía Francisco, con Carlos de Borgoña), y quería tentarla a que se casase por su cuenta con algún noble francés. Y cuando María le confesó que estaba enamorada de Suffolk, Francisco I vio una oportunidad perfecta para frustrar los planes de Enrique VIII.
Éste cometió el error de enviar al propio Suffolk a Francia con la misión de llevar a María de vuelta a su país; le hizo jurar que no se casaría con ella. Francisco lo recibió y, en una entrevista privada, le dijo que sabía que planeaba casarse con María. Suffolk negó vehementemente que quisera hacer tal cosa, pero Francisco le aseguró que conocía su relación con ella y le ofreció su ayuda para que pudieran casarse. Luego Suffolk se entrevistó con María, quien le planteó un ultimatum: o se casaba con ella ahora, o no se casarían nunca. Suffolk, entonces, cedió a las presiones de María y Francisco.
Así, en febrero de 1515, en la capilla del castillo de Cluny, María Tudor, reina viuda de Francia, y Charles Brandon, duque de Suffolk, se casaron.
Enrique VIII se ofendió menos por el matrimonio que por el hecho de que su amigo Suffolk hubiera roto su promesa. Su reacción inicial fue muy iracunda, pero el cardenal Wolsey, que era entonces su principal consejero, y que era aliado de Suffolk, lo convenció de perdonar a la pareja. Tanto Suffolk como María escribieron sendas cartas disculpandose por su acto irreflexivo; María adjuntó a su misiva el llamado Espejo de Nápoles, un enorme y hermoso diamante perteneciente a las joyas de la Corona francesa, que Luis XII le había regalado.
María y Suffolk viajaron de vuelta a Inglaterra, donde fueron recibidos por Enrique VIII. Ablandado por Wolsey (y tal vez también por el Espejo de Nápoles), el rey no los castigó e incluso les dejó celebrar una boda un poco más fastuosa, a la que él mismo asistió junto con Catalina de Aragón. No obstante, la ceremonia y la fiesta posterior fueron definidas oficialmente como algo de carácter estrictamente familiar. Si bien muchos nobles criticaron el matrimonio con dureza, la opinión pública inglesa le vio su lado romántico y ni María ni Suffolk perdieron popularidad.
En 1515 tanto María Tudor como su cuñada Catalina de Aragón quedaron embarazadas, y dieron a luz a sus hijos con muy poca diferencia; Catalina tuvo a la futura María I el 18 de febrero de 1516, y María tuvo a su primer hijo, Enrique, el 11 de marzo. Enrique VIII y el cardenal Wolsey fueron padrinos del niño (en esa época se podía tener varios padrinos y madrinas). María y Suffolk tendrían dos hijas más, Leonor y Frances, en 1517 y 1519. Los años siguientes fueron bastante gloriosos para María. Estaba casada con el hombre de quien se había enamorado, tenía excelentes relaciones con su hermano y, después de su cuñada Catalina, era la mujer de más alto rango en la corte.
No obstante, en la década de 1520, su salud comenzó a deteriorarse. Además, la creciente tensión entre Enrique VIII y Catalina de Aragón la estaba poniendo muy incómoda, por lo que sus visitas a la corte se hicieron menos frecuentes. La progresiva caida en desgracia del cardenal Wolsey tampoco era una buena noticia para María y Suffolk. El ascenso de Ana Bolena, con quien no tenían una relación tan buena como con Catalina, era visto por la pareja con cierta desconfianza.
El encarcelamiento y muerte de Wolsey y el matrimonio de Enrique y Ana en 1533 llevaron a María, enferma y temerosa, a abandonar prudentemente Londres y trasladarse a Westhorpe, donde murió en junio del mismo año. Su fallecimiento pasó inadvertido, pues la nueva estrella de la corte era Ana Bolena, quién entonces estaba embarazada de su hija, la futura Isabel I. Enrique apenas ordenó realizar un réquiem en Westminster por el descanso del alma de su hermana.

jueves, 10 de mayo de 2007

Las hermanas de Enrique VIII (1ª parte)

Al hablar del reinado de Enrique VIII casi todos los historiadores se han enfocado en sus esposas, dejando de lado a sus hermanas. Sin embargo, ellas dos tuvieron una vida sentimental al menos tan turbulenta como la de su hermano el rey.
Margarita Tudor, nacida el 29 de noviembre de 1489, fue la segunda hija de Enrique VII y Isabel de York. El astuto Enrique VII había especulado con la posibilidad de casarla con su vecino, el rey James IV de Escocia, desde que ella tenía 6 años. En 1497 Enrique y James firmaron un acuerdo de paz y se planteó seriamente la posibilidad de que el rey escocés se convirtiese en yerno del inglés. Varios miembros del Consejo Real de Enrique VII se opusieron, afirmando que los descendientes de ese matrimonio, además de reinar en Escocia, tendrían derechos muy fuertes al trono inglés. Enrique dijo que la eventual unión entre ambos reinos sería algo magnífico, sin importar que fuese Escocia la que anexase Inglaterra.
El matrimonio entre Margarita Tudor, entonces de 12 años, y James IV, de 28, se realizó oficialmente en enero de 1502, pero no se consumó hasta 1503, cuando Margarita llegó a Escocia y se encontró con su marido. Si bien Margarita y James no se amaban, fueron relativamente felices juntos. Tuvieron dos hijos, pero solo el mayor, James (nacido en abril de 1512), llegó a la adultez.
Las relaciones entre Inglaterra y Escocia empeoraron cuando Enrique VIII sucedió a su padre como rey en 1509. Cuando Enrique decidió invadir Francia -tradicional aliada de Escocia desde el siglo XIV- en 1513, James IV reaccionó declarándole la guerra a su cuñado e invadiendo Inglaterra. James creía que, estando Enrique en Francia, le sería muy fácil conquistar el vecino país, pero fue vencido y muerto en la batalla de Flodden Field, el 9 de septiembre de 1513.
Margarita estaba en una posición incómoda, como se imaginarán. No obstante, actuó con una frialdad y astucia difíciles de creer, proclamándose rápidamente regente de Escocia en nombre de su hijito, el flamante rey James V, de sólo un año de edad. Logró ser confirmada como regente por el Parlamento escocés; en julio de 1514 consiguió poner fin, junto con Francia, a la guerra con Inglaterra.
No obstante, Margarita se sentía desprotegida en Escocia. Juan Estuardo, duque de Albany y primo hermano del difunto James IV, lideraba una facción que intrigaba para ponerlo a él en el cargo de regente. Entonces decidió buscar una alianza con la poderosa familia Douglas. Esto hubiese sido una medida inteligente de no ser porque, ya fuese por amor o para fortalecer sus lazos con los Douglas, la reina viuda de 25 años se casó en secreto con el joven y atractivo Archibald Douglas, de 24. Esto ocurrió el 6 de agosto de 1514. Pronto la noticia de que Margarita se había vuelto a casar se difundió por el país, obligándola a renunciar a la regencia. No fue difícil reemplazarla por el duque de Albany. Cuando Albany la obligó a entregarle la custodia de James V, Margarita huyó a Inglaterra. Allí, en octubre de 1515, dio a luz a una hija, Margarita Douglas, quien años después fue madre de Enrique Estuardo, segundo esposo de María Estuardo.
Margarita fue bien recibida por Enrique, quien la instaló en Scotland Yard -que entonces era el palacio de los reyes escoceses en Londres- para reafirmar su status de reina viuda de Escocia. En 1517, tras varias negociaciones, Enrique consiguió que Albany (que estaba en Francia en una misión diplomática, buscando una esposa para James V) permitiese a Margarita volver a Escocia y reencontrarse con su hijo. No obstante, el retorno no fue del todo feliz para Margarita. No solo porque la facción que la había depuesto gobernaba Escocia, sino porque además su relación con Archibald Douglas se había resentido. Douglas la había acompañado al exilio en Inglaterra por un tiempo, pero pronto había regresado a Escocia para hacer las paces con Albany. Además, le era infiel.
El enfrentamiento entre Margarita y Douglas, y el hecho de que Enrique VIII, por motivos políticos y personales, se negase a apoyar a Margarita en sus planes de disolver su matrimonio, llevó a la reina viuda a terminar alineándose con la facción pro-francesa del duque de Albany. Así, cuando Albany regresó a Escocia en 1521, Margarita consiguió que su esposo fuese desterrado. Los rumores indicaban que la reina Margarita y el duque eran más que simplemente aliados políticos, e incluso se dijo que Albany planeaba envenenar al pequeño James V para convertirse en rey de Escocia y casarse con Margarita.
No obstante, Margarita puso fin a las especulaciones en 1524, cuando, en un movimiento muy audaz, aprovechó otro de los frecuentes viajes diplomáticos de Albany a Francia para hacer que el Parlamento lo destituyese como regente y declarase la mayoría de edad de James V, de apenas 12 años. En teoría, con este acto comenzaba el gobierno propiamente dicho del rey James, pero en la práctica era su madre quien gobernaba Escocia.
Entonces el desterrado Douglas volvió a entrar en escena. Con permiso de Enrique VIII, regresó a Escocia y se puso al frente de un ejército de nobles descontentos con el gobierno de Margarita. Formalmente, Douglas y los jefes de su ejército pedían ser miembros del Consejo Real y del Parlamento, y llegaron a Edimburgo para imponerse a Margarita. Ella quiso resistirse y ordenó disparar varios cañonazos desde el castillo de Holyrood a las tropas de Douglas; se cuenta que los embajadores ingleses presentes cuando ella dio la orden protestaron contra este acto de guerra de Margarita contra su legítimo esposo, y que ella, furiosa, les dijo que se fueran a su casa y dejasen de meterse en los asuntos de Escocia. No obstante, terminó siendo forzada a designar a Douglas miembro del Consejo Real en febrero de 1525. Desde esa posición, Douglas se apoderó del poder rapidamente, tomando a James V como virtual prisionero y gobernando Escocia a través del joven rey.
Margarita debió aceptar la nueva realidad, y recompuso sus relaciones con Albany, quien utilizó su influencia en Roma para que el Papa Clemente VII anulara su matrimonio con Douglas. Enrique VIII le mandó varias cartas advirtiéndole que su unión con Douglas había sido ordenada por Dios, y que debía desconocer la “vergonzosa” decisión de Roma. Pocos años después, Enrique rompería sus relaciones con el Vaticano al no conseguir del mismo Papa esa misma “vergonzosa” decisión que le permitiera disolver su matrimonio con Catalina de Aragón. Margarita lo ignoró y en marzo de 1528, a los 38 años, contrajo su tercer matrimonio con Enrique Estuardo, de 33 años, un primo lejano de James IV que era su amante desde, al menos, 1524.
En junio del mismo año James V, de 16 años, consiguió librarse de la “tutela” de su ex padrastro Archibald Douglas, quien debió volver a exiliarse en Inglaterra. Margarita y su flamante tercer esposo se vieron favorecidos por la caída de Douglas, convirtiéndose en consejeros de confianza de James V. El rey le dio a su segundo padrastro el título de Lord Methven.
Durante los siguientes años, Margarita se dedicó a asesorar a James V, intentando mantener las buenas relaciones entre su hermano y su hijo (que desconfiaba del rey inglés a causa de su apoyo a Douglas). En 1534 consiguió que Inglaterra y Escocia firmasen un enésimo tratado de paz, e intentó sin exito fortalecer la paz mediante un matrimonio entre su sobrina María, hija de Enrique VIII, y su hijo James. En 1536 quiso arreglar un encuentro cara a cara entre James V y Enrique VIII, pero tampoco lo logró. En una entrevista con el embajador inglés en Edimburgo llegó a confesarle que estaba “harta de Escocia”.
Además, sus relaciones con Lord Methven habían empeorado. Methven la engañaba con tanta o más frecuencia que Douglas, y le exigía dinero continuamente. Margarita quiso anular su matrimonio con Methven, pero James V lo impidió. Desesperada por separarse de su marido, llegó a intentar huir a Inglaterra, pero los hombres de su hijo la capturaron y la llevaron de vuelta a Edimburgo.
En 1538 las cosas cambiaron para bien cuando James V se casó con María de Guise. Margarita logró lo que tantas mujeres en todos los tiempos y lugares son incapaces de hacer: llevarse bien con su nuera. María se las arregló para reconciliar a Margarita con su esposo y la animaba a aparecer con frecuencia en la corte. Fue la influencia conjunta de su madre y su esposa la que llevó a James V a defender con firmeza el catolicismo en Escocia.
Margarita murió en octubre de 1541. Como conté varias veces, su biznieto James VI se convirtió en 1603 rey de Inglaterra con el nombre de James I, uniendo ambos reinos, por lo que las predicciones de Enrique VII y sus consejeros resultaron ser certeras.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Teorías sobre el Hombre de la Máscara de Hierro

El misterio del Hombre de la Máscara de Hierro ha despertado la curiosidad de los historiadores durante siglos. La identidad del misterioso enmascarado, que fue encarcelado a fines del siglo XVII y murió en 1703, levantó toda clase de teorías al respecto. He decidido recopilar las más interesantes.
  • Voltaire creía que el prisionero era un hijo adulterino de Ana de Austria, esposa de Luis XIII y madre de Luis XIV, con su consejero y supuesto amante, el cardenal Mazzarino.
  • Otra teoría es que el prisionero era el padre biológico de Luis XIV. La reina Ana y Luis XIII habían estado casados por 23 años antes de que ella quedase "milagrosamente" embarazada de su hijo. Según esta teoría, el cardenal Richelieu había seleccionado a uno de los muchos hijos o nietos bastardos de Enrique IV para acostarse con Ana, darle un heredero y evitar el ascenso al trono de Gastón de Orleáns, hermano de Luis XIII y adversario de Richelieu. Tras cumplir su agradable misión, el hombre habría sido enviado a América; no obstante, se cree que volvió a Francia para extorsionar a Ana y terminó encarcelado y enmascarado.
  • Los partidarios de Napoleón Bonaparte difundieron otro rumor, con el objetivo de desprestigiar a los derrocados Borbones: que el Hombre de la Máscara de Hierro era el verdadero Luis XIV y que quien reinó en su lugar era un usurpador, puesto en el trono por el cardenal Mazzarino.
  • Una variante de esta hipótesis, recogida por Alejandro Dumas en su novela 20 años después (secuela de Los tres mosqueteros), es que el prisionero era hermano gemelo de Luis XIV. Sus padres, temiendo que dos hermanos con iguales derechos al trono dividieran el reino de Francia en dos, o bien que se enfrentasen en una guerra civil, los separaron al nacer. Luego Luis XIV, al conocer la existencia de su hermano, hizo que lo encerraran en la Bastilla y le pusieran una máscara para que nadie lo reconociera. En 20 años después los mosqueteros, descontentos con el gobierno de Luis XIV, liberan a su hermano e intentan ponerlo en el trono. D'Artagnan, leal a Luis XIV, se enfrenta a sus antiguos camaradas. El libro, como se sabe, fue llevado al cine en 1998, con el título de El Hombre de la Máscara de Hierro, y protagonizado por Leonardo Di Caprio como Luis XIV y su gemelo, Gabriel Byrne como D'Artagnan, John Malkovich como Athos, Gèrard Depardieu como Porthos y Jeremy Irons como Aramis. No obstante, el final del film y el de la novela de Dumas son completamente diferentes.
  • Una quinta teoría es que el enmascarado era era James Scott, duque de Monmouth e hijo ilegítimo del rey inglés Carlos II. Tras la muerte de su padre en febrero de 1685, Monmouth se rebeló contra el nuevo monarca, su tío James II, autoproclamándose rey en junio. Tras la derrota de su ejército el 6 de julio en la batalla de Sedgemoor, Monmouth fue capturado y acabó por ser ejecutado el 15. No obstante, otra versión afirma que James II, no queriendo ejecutar a su propio sobrino, había mandado a otro hombre al patíbulo y enviado a Monmouth a Francia, poniéndolo bajo la custodia de su aliado Luis XIV, quien para evitar que lo reconocieran habría mandado ponerle una máscara de hierro. Pero casi todos consideran hoy que esa teoría es probablemente falsa: hay documentos sobre el Hombre de la Máscara de Hierro que confirman que él fue encerrado en la Bastilla en 1669, mucho antes de la sublevación y muerte de Monmouth.

martes, 8 de mayo de 2007

"Una historia violenta" (2005)

Una historia violenta es una película dirigida por David Cronenberg y protagonizada por el casi-argentino (me encanta decir eso) Viggo Mortensen. Mortensen encarna a Tom Stall, un pacífico hombre de familia, dueño de un café en una pequeña ciudad en Indiana, felizmente casado y con dos hijos. Los problemas para él comienzan cuando dos criminales muy violentos asaltan su negocio; cuando están a punto de matar a una camarera, Stall logra arrebatarles una de sus armas y matarlos con una rapidez y eficacia pasmosa. Stall goza por un tiempo del status de héroe local, pero recibe la visita de un grupo de mafiosos irlandeses. Estos hombres, liderados por Carl Fogarty (Ed Harris) creen que Stall es en realidad Joey Cusack, un gangster de Filadelfia con quien tienen varias cuentas pendientes.
El film está basado en una historieta (o como se las llama ahora, una "novela gráfica") del mismo título, escrita por John Wagner, dibujada por Vince Locke y publicada en 1997. Inevitablemente, hay varias diferencias en la trama del comic y en la de la película. En la historieta, el protagonista se llama Tom McKenna en vez de Tom Stall, sus hijos se llaman Buzz y Sarah en vez de Jack y Ellie, el sheriff del pueblo se llama Frank y no Sam, y el personaje de Carl Fogarty es en el comic John Torrino. La familia Stall/McKenna vive en Michigan y no en Indiana. Los mafiosos que molestan a Tom Stall/McKenna son italianos y no irlandeses, y vienen de Nueva York en vez de Filadelfia. El personaje de Richie (William Hurt) es un amigo de la infancia y no el hermano de Joey Cusack, y tiene un final completamente distinto en el comic.
Elementos destacados:
  • Los tres grandes tiroteos de la película (sí, soy un amante de la violencia en las películas, y no me averguenzo).
  • La escena sexual inesperada entre Stall y su esposa (María Bello).
  • La relación compleja de Stall con su familia, sobre todo con su hijo adolescente.
Calificación: 10