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jueves, 3 de mayo de 2007

Afrodita, la diosa del sexo

La diosa Afrodita fue, posiblemente, la divinidad menos respetada por los griegos. No es que no le rindieran el debido culto, pero la forma en que la veían en sus mitos no era precisamente halagueña. Para los griegos, Afrodita era el símbolo de todas las mujeres tontas y promiscuas.
Afrodita, según el mito más popular (lo cual se debe sobre todo al famoso cuadro El nacimiento de Venus, pintado por Botticelli), nació de la espuma del mar. Según una versión más amplia del mito, esa concepción milagrosa se produjo cuando el dios Cronos castró a su padre Urano y arrojó sus genitales al mar. En cualquier caso, Afrodita fue adoptada como hija por Zeus. De acuerdo con otro mito menos conocido, Afrodita era hija biológica y no meramente adoptiva de Zeus, fruto de su unión con la ninfa marina Dione.
Tras incorporarla a la familia olímpica, Zeus la casó con su hijo, el feo dios-herrero Hefesto, quien le dio grandes regalos a su padre en agradecimiento. Ella le dio tres hijos -Fobos, Deimos y Harmonía-, pero el verdadero padre de ellos era el dios de la guerra Ares, con quien Afrodita comenzó un romance muy poco después de su matrimonio. Hefesto no se enteró de la infidelidad de su esposa divina hasta que Helio se lo contó. Entonces se retiró airado a su fragua y, a golpes de martillo, forjó una red de caza de bronce, fina como una telaraña pero irrompible, que ató secretamente a los postes y los lados de su lecho matrimonial.
Luego le dijo a Afrodita que se iría de viaje a la isla de Lemnos. Ella no se ofreció a acompañar a su hermano-esposo, y apenas salió del palacio llamó a su hermano-amante Ares, con quien se puso a retozar alegremente en la cama que compartía con Hefesto. Cuando se durmieron, Hefesto -que, por supuesto, no había viajado a Lemnos- descolgó la red y se las echó encima. Los amantes quedaron así atrapados (y desnudos, lo que evidenciaba el adulterio) en la cama, y Hefesto llamó a los demás dioses del Olimpo para que fuesen testigos de la infidelidad. Las diosas decidieron quedarse en sus aposentos, por delicadeza, pero Zeus, Apolo, Hermes y Poseidón acudieron a la llamada de Hefesto.
La reacción de los dioses fue dispar. Apolo y Hermes observaron el cuerpo desnudo de su hermana con lujuria, y Apolo le preguntó jocosamente, en voz baja, a Hermes si no le gustaría estar en el lugar de Ares, pese a la red. Hermes dijo que le gustaría aunque hubieran tres redes y todas las diosas del Olimpo lo estuvieran mirando, lo cual hizo que ambos dioses rieran groseramente. Poseidón fingió estar indignado, pero en secreto también se había quedado deslumbrado -por no decir otra cosa- por la belleza de su sobrina. Pero Zeus estaba realmente indignado y disgustado por el incidente. Hefesto dijo que deseaba divorciarse de Afrodita y exigió que Zeus le devolviera los regalos, amenazando con no liberarla de la red, ni tampoco a Ares; Zeus se negó. Entonces Poseidón ofreció una solución: Ares pagaría los regalos de Hefesto. Cuando Hefesto puso en duda que el amante de su esposa cumpliera su promesa, Poseidón se ofreció como garante. Así, Hefesto accedió a liberar a Ares y Afrodita. Hay que decir que Ares no pagó los regalos, pero Hefesto tampoco se los exigió, pues seguía locamente enamorado de Afrodita y terminó por no divorciarse de ella.
Afrodita continuó engañando a su marido con mortales bellos y con otros dioses. Se acostó con Hermes (con quien, como dije antes, tuvo a Hermafrodito), con Poseidón, con Dionisio (con quien tuvo a Príapo) y, según ciertas versiones, con el propio Zeus (con quien habría concebido a Eros). También se acostó con Anquises, rey de los dárdanos, con quien tuvo a Eneas, que habría sido antepasado de Julio César.

3 comentarios:

Ulyses dijo...

Buena historia. Al parecer, tienen un lio con muchos personajes acerca de dónde nacieron, y Afrodita es un ejemplo de ello.

Sr. Sotomonte dijo...

Afrodita es otro ejemplo de cómo la revolución masculina en contra de la inicial supremacía femenina alteró los mitos para poner a las diosas bajo el yugo del Dios Padre. Aunque a Afrodita no pudieron ligarla demasiado, pues tenía en su poder la principal arma contra la voluntad, que es el deseo. Así fue como la rebajaron a mera meretriz, engendrando la semilla de las posteriores ninfas, hadas, sirenas y encantadoras...
Como siempre, Martin, una buena selección de los mitos clásicos e históricos.

Anónimo dijo...

Puta Afrodita