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martes, 29 de mayo de 2007

Pélope

Cuando el rey Tántalo de Paflagonia -un reino ubicado en Anatolia- murió, su hijo Pélope heredó el trono. No obstante, al poco tiempo sus súbditos lo expulsaron, y debió refugiarse en el monte Sípilo, en Lidia. No mucho tiempo después, la amenaza de los troyanos obligó a Pélope a exiliarse nuevamente. Era un rey con numerosas riquezas y seguidores, pero sin reino.
Desesperado, decidió pedir la mano de Hipodamía, hija de Enómao, rey de Elide y Pisa (no se trata de la Pisa italiana, sino de una ciudad griega situada junto al río Alfeo, frente a Olimpia). No obstante Enómao -según algunas versiones, porque un oráculo le había predicho la muerte a manos de su yerno, y según otras porque estaba enamorado de su propia hija, como en el caso de Enopión, con cuya hija Mérope quiso casarse Orión- no quería que Hipodamía se casase. Así que impuso a los pretendientes de su hija la siguiente prueba: debían ganarle en una carrera de carros desde Pisa hasta el Istmo de Corinto. Era casi imposible ganar la carrera por dos motivos: primero, porque Enómao hacía que la bella Hipodamía se pusiese en el carro del pretendiente, lo cual lo distraía mucho de la carrera. Segundo, porque el carro de Enómao era conducido por Mirtilo, uno de los aurigas más hábiles de Grecia, y era tirado por dos yeguas engendradas por el viento que le había regalado el dios Ares. Además, Enómao asesinaba con su lanza -otro regalo de Ares- a los pretendientes tras vencerlos.
Cuando Pélope desembarcó en Elide, suplicó al dios Poseidón (que según algunas versiones era su amante), a quién invocó con un sacrificio en la costa, que le diera el carro más rápido del mundo. Poseidón le regaló un carro de oro que podía correr tan rápido que pasaba por encima de la superficie del mar sin mojarse, tirado por caballos inmortales y alados. No obstante, eso no fue suficiente para inspirarle confianza, pues Pélope se asustó al ver las cabezas de los doce o trece príncipes que habían aspirado a la mano de Hipodamía y habían sido asesinados por su padre, así que decidió arreglar la carrera.
Pélope le prometió a Mirtilo darle la mitad del reino de Enómao y el privilegio de pasar la noche de bodas con Hipodamía (de quién Mirtilo se había enamorado, pero cuya mano no se había atrevido a pedir) a cambio de que traicionase a su amo. Mirtilo aceptó y reemplazó las pezoneras de los ejes del carro de Enómao por unas de cera. Cuando los carros, que iban bastante parejos, llegaron al cuello del Istmo de Corinto, las ruedas del carro de Enómao se desprendieron y él murió arrastrado por las yeguas, no sin antes maldecir a Mirtilo. Luego Pélope, Hipodamía y Mirtilo hicieron una excursión en carro a la isla desierta de Helene. Pélope dejó a Hipodamía sola con Mirtilo mientras iba a buscar agua, y durante su ausencia él intentó hacer cumplir la promesa de Pélope. Hipodamía, si bien por amor a Pélope había accedido a acostarse con Mirtilo, se negó a cumplir con lo pactado y cuando Pélope llegó, se quejó de que Mirtilo había querido violarla. Pélope entonces empujó a Mirtilo al mar; el auriga se ahogó maldiciendo a Pélope y toda su descendencia.
Pélope fue purificado del homicidio por el dios Hefesto, tras lo cual viajó a Pisa y tomó posesión del reino de Enómao. Pese a los crímenes que debió cometer para obtener el trono, su reinado fue bastante exitoso: conquistó Olimpia y el territorio antes conocido como Apia, al que cambió el nombre por “Peloponeso”, tuvo muchos hijos y fue admirado por su riqueza y sabiduría. Hay que marcar entre sus actos más reprochables el haber asesinado a traición al rey Estinfalo de Arcadia en una conferencia de paz, lo cual hizo que los dioses castigasen a toda Grecia con una sequía. Las ciudades griegas sólo consiguieron salvarse haciendo que el rey Eaco, hijo de Zeus, respetado por todos a causa de su intachable rectitud, suplicase perdón a su padre por el crimen.
Para reparar el asesinato de Mirtilo, que era hijo de Hermes, Pélope construyó el primer templo a ese dios en el Peloponeso. También levantó altares a los pretendientes asesinados de Hipodamía, a quienes rindió honores de héroes.
Entre los hijos de Hipodamía y Pélope están Piteo, Atreo, Tiestes, Alcátoo, el argonauta Hipalco, Copreo, Escirón, Epidauro (aunque otras versiones lo consideran hijo de Apolo), Plístenes, Diante, Cibosuro, Corintio, Hipase, Cleón, Argeo, Elino, Astidamía, Lisídice, Eurídice, Nicipe, Antibia y Arquipe. De tan numerosa prole, Pélope tuvo cientos de descendientes; los que más se destacaron fueron Hércules, Áyax, Agamenón, Menelao, Egisto y Orestes.
Cierro ésta historia con una última anécdota. Pélope crió junto a sus hijos legítimos a Crisipo, fruto de su unión con la ninfa Astíoque. Se cuenta que en una ocasión el rey Layo, padre de Edipo, fue expulsado de Tebas por una pueblada, y debió huir a Pisa. Pélope lo recibió hospitalariamente, pero Layo se enamoró del adolescente Crisipo y, cuando se enteró de que tenía permiso para volver a Tebas, lo raptó y lo llevó a su ciudad-Estado como su amante. Según una versión, el joven se suicidó de vergüenza. Según otra, Hipodamía, que temía que Pélope lo nombrase heredero del trono por encima de sus propios hijos, viajó con rapidez a Tebas, entró al dormitorio donde yacían Crisipo y Layo y apuñaló al muchacho con la espada del rey, para luego darse a la fuga. Layo fue acusado del asesinato por Atreo y Tiestes, que llegaron a la ciudad para rescatar a su hermanastro, pero Crisipo había llegado a ver a Hipodamía y la acusó antes de morir. No obstante, los hijos de Pélope encarcelaron a Layo por el secuestro de Crisipo. Permaneció en prisión hasta que Pélope lo perdonó noblemente, reconociendo que sólo un amor irresistible lo había impulsado a violar la hospitalidad. Al descubrirse su crimen, Hipodamía huyó a Argólide y se suicidó.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas, solo con un comentario, yo tenía entendido que los verdaderos asesinos de Crisipo fueron precisamente Atreo y Tiestes. No solo eso sino que Pélope lanzó terribles maldiciones sobre sus dos hijos y sobre Layo. De allí venía el infernal odio que Atreo y Tiestes siempre se tuvieron, además este odio continuo durante las siguientes generaciones hasta Orestes. La maldición sobre Layo tambien continuo sobre la familia real tebana hasta los nietos de Edipo. Algo más sobre Pélope es que una de las condiciones para la toma de Troya era llevar sus huesos de vuelta a su tierra de origen. Otra cosa de la que no estoy tan seguro es de que fuera ancestro de Heracles, hasta donde se, Heracles sería su tío, no su descendiente.

Martín dijo...

Con respecto a la tercera versión sobre la muerte de Crisipo, supongo que podría existir. Si leés los textos que he publicado sobre mitología griega, cada dos frases te vas a encontrar con "Según otra versión..."
En cuanto a Hércules/Heracles, reconozco que tenés razón: no era descendiente de Pélope, sino de Perseo. No obstante, no creo que fuese su tío, pues la historia de Pélope parece haber ocurrido antes del nacimiento de Hércules. Al menor eso he deducido tras leer el capítulo 118, titulado El nacimiento de Heracles, en Los mitos griegos de Robert Graves, donde se menciona a Atreo y Tiestes ya como príncipes adultos.
Saludos y muchas gracias por tu aporte.