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lunes, 25 de junio de 2007

Mauricio Macri, jefe de Gobierno

La victoria aplastante de Mauricio Macri en las elecciones de jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires es sin duda un acontecimiento significativo en la política argentina. No es la primera derrota electoral del kirchnerismo, pero sí es la primera que sufre en un distrito de importancia cuantitativa.
En la última semana previa a la elección, Néstor Kirchner tuvo la sensatez de dejar de participar de la campaña, pasándole el timón a Daniel Filmus. Filmus actuó bastante bien, logrando escalar del 23% que había arañado en la primera vuelta, al casi 40% que terminó consiguiendo en la segunda. Tal vez si hubiese tenido un par de semanas más para hacer campaña, hubiese logrado amenazar seriamente el triunfo macrista. Pero el hecho es que perdió.

Ahora Kirchner deberá convivir con un jefe de Gobierno opositor en la Capital. No sería la primera vez que esto sucede, ni la primera vez que algo similar le pasa al propio Kirchner. Recordemos que en 1996 el radical Fernando De la Rúa fue elegido jefe de Gobierno porteño, y debió gobernar coexistiendo con el peronista Carlos Menem, y se llevaron bastante bien. También hay que recordar que Kirchner, en sus épocas como gobernador de Santa Cruz, debió ver cómo los radicales ganaban la intendencia de la capital de la provincia, Río Gallegos. Sin embargo, las relaciones entre la Municipalidad y la Gobernación fueron buenas hasta el 2003, cuando Kirchner abandonó la provincia para asumir la presidencia.
También hay que recordar que Kirchner jamás se ha enfrentado totalmente con ningún gobernador o intendente opositor. Chaco es gobernada por el delfín del radical lavagnista Ángel Rozas. San Luis es gobernada por Alberto Rodríguez Saá, cuyo hermano Adolfo compitió contra Kirchner en el 2003. Neuquén es gobernada por Jorge Sobisch, un opositor a Kirchner que hasta hace poco soñaba con conseguir la presidencia éste año. Salta es gobernada por Juan Carlos Romero, que fue candidato a vicepresidente junto a Menem en el 2003. Kirchner hubiese podido trenzarse en una lucha sin cuartel con todos esos gobernadores de la oposición, y sin embargo logró construir una buena cooperación con ellos, al menos a nivel administrativo.
No digo que Kirchner sea un modelo de tolerancia y convivencia democrática. Pero conoce bien la diferencia entre enfrentarse contra un dirigente opositor y hacerlo contra un gobernador o intendente opositor. En el primer caso, puede tirarle con toda clase de municiones, pues el único resultado sería, en el peor de los casos, la destrucción de la carrera de ese dirigente. Pero cuando el opositor ocupa un cargo ejecutivo, el resultado de demasiadas operaciones en su contra sería el caos y la crisis del distrito que ese político gobierna, algo que también perjudicaría a Kirchner, como presidente de la Nación.
Ésta semana Kirchner y Macri se reunirán (Macri ya le envió una carta pidiéndole audiencia formalmente). Depende de Kirchner actuar con madurez en esa reunión, para poder asimilar el golpe que le han propinado los porteños con elegancia.

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