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viernes, 9 de febrero de 2007

"Bienvenidas al paraíso" (2005)

Laurent Canet es un cineasta que suele hacer películas que enfocan la vida cotidiana de la clase media francesa amenazada por la globalización, un tema muy actual en esta época en que las sociedades desarrolladas enfrentan la opción de hierro de abandonar el Estado Benefactor o quedarse sin inversiones. Al menos ese es el punto en común de sus dos primeras películas, Recursos humanos (sobre un chico que vuelve a su pueblo natal para ocupar un puesto en la dirección de la fábrica donde trabaja su padre, y que luego es obligado a jubilarlo) y El empleo del tiempo (sobre un desocupado que finge conservar su empleo ante su familia).
Bienvenidas al paraíso (creo que su título original en francés significa algo así como "Hacia el sur") rompe totalmente con ese esquema: las protagonistas son tres mujeres estadounidenses de mediana edad que viajan a Haití a finales de la década del '70. En ese entonces gobernaba con mano de hierro "Baby Doc" Duvalier y las torturas, asesinatos y "desapariciones" (al uso nostro) eran cosa de todos los días, lo que no evitaba que miles de turistas del Primer Mundo viajaran para disfrutar las playas, las aguas cristalinas... y en este caso puntual, de los jovenes de la isla.
Las tres turistas son Ellen (Charlotte Rampling, maravillosa como siempre), Brenda (Karen Young) y Sue (Louise Portal). Cada una tiene distinto estilo, pero todas vienen por lo mismo: los servicios de los chicos haitianos que se prostituyen a ellas por dinero, comida o "regalos". Brenda viene por segunda vez en busca de uno en particular, Legba (Ménothy César), de 18 años, que en su anterior viaje, tres años atrás, le dio su primer orgasmo. Ellen y Sue, por su parte, ya son habitués del lugar. Ellen, si bien lo disimula al principio bajo una capa de cinismo, está enamorada de Legba y desea tenerlo para ella sola. Sue, por su parte, es más bondadosa y conciliadora. Como testigo silencioso de las relaciones entre las mujeres y los chicos está Albert (Lys Ambroise), a cargo del restaurante del hotel (más bien conjunto de bungalows) donde se alojan, que siente una sorda hostilidad hacia los blancos y también hacia esos jovenes compatriotas suyos que les venden sus cuerpos.
Legba es el gran objeto del deseo de la película, pero es muy poco lo que al final llegamos a saber de él. A veces Canet nos deja ver fragmentos de su vida y de su carácter, pero no lo suficiente como para no catalogarlo como el personaje más misterioso del film.
El final de la película nos muestra a Ellen y a Brenda intercambiar sus roles hasta cierto punto. No voy a decir más pues arruinaría la película, pero es algo que se nota cuando termina el film.
Lo calificaría con un 9,50, más que nada porque el destino final de Legba es demasiado enigmático para mi gusto.
Si alguien desea leer una crítica seguramente mejor escrita y más elocuente que ésta, le recomiendo ir a este link.

2 comentarios:

azulmarino dijo...

El guión suena interesante; ahora me pregunto si da como para un largometraje sin tener que estirar con escenas del negro subiendose al cocotero.

Acaso estas maduras blancas son tan feas como para no pezcar nada en sus países que van a buscar negros por allí, o será que la mayoría de los gringos la tienen corta y fofa como la carne de una hamburguesa de MacDonald's?

Martín dijo...

No es que sean feas (al menos las de la película), sino que después de cierta edad, la única forma de que una mujer consiga buen sexo con alguien que le guste de verdad es pagando.