Fecha y hora de la Argentina

Traducir Terra Incognita a:

Etiquetas

miércoles, 14 de febrero de 2007

Medea

El rey Atamante de Beocia tuvo un hijo, Frixo, y una hija, Hele, con su esposa Néfele, pero luego se divorció de ella y se casó con Ino; con ella tuvo otros dos hijos, Learco y Melicertes. Ino, al igual que tantas otras madrastras de la mitología, era malvada y ambiciosa. Deseando deshacerse de sus hijastros para poner a sus propios hijos en el trono, organizó un plan muy astuto. Como era una reina muy popular entre las mujeres beocias, las convenció de que tostaran en secreto las semillas de cebada de los graneros, para poder así arruinar la cosecha. Al ver que la cebada no germinaba pese a las abundantes lluvias y al abono, los beocios creyeron que los dioses estaban ofendidos y Atamante envió mensajeros al oráculo de Delfos para pedir explicaciones y/o instrucciones a los dioses.
Los mensajeros, sobornados por Ino, volvieron diciendo que la próxima cosecha sería exitosa y que los beocios se salvarían de la hambruna, pero sólo si Atamante sacrificaba a Frixo y Hele a Zeus en el monte Lafisio. Atamante al principio se negó pero fue forzado por sus súbditos a obedecer al oráculo. Llevó a sus hijos al monte Lafisio y estaba a punto de matar a Frixo cuando un carnero volador de vellón dorado apareció, enviado por el propio Zeus. Frixo y Hele se montaron en su lomo, y el carnero los llevó al reino de Cólquide, en el extremo oriental del Mar Negro (aproximadamente donde está hoy la ex república soviética de Georgia). Al pasar por el estrecho que separa Asia de Europa, Hele cayó al agua y se ahogó, por lo que desde entonces los griegos llamaron al estrecho Helesponto. Pero Frixo llegó sano y salvo a Cólquide, donde su rey, Eetes, lo recibió con los brazos abiertos e incluso le permitió casarse con su hija Calcíope, con quien tuvo varios hijos y vivió felizmente hasta morir de causas naturales a una edad avanzada. En cuanto al carnero, fue sacrificado por Frixo al llegar a Cólquide, y su vellón fue cortado y colocado en el templo del Ares colquídeo.
La diosa Hera, que ya tenía a Atamante e Ino entre ceja y ceja, en parte por el divorcio de Néfele (Hera defendía los derechos de las esposas y odiaba a los adúlteros) y en parte porque Ino había escondido en su palacio al joven semidiós Dionisio, hijo de Zeus con una de sus amantes, los castigó volviéndolos locos. Atamante, creyendo estar cazando ciervos en el bosque, mató de un flechazo a su hijo Learco en el palacio, tras lo cual fue destronado formalmente y desterrado de Beocia; Ino se arrojó al mar con Melicertes y ambos se ahogaron. Pero Zeus, recordando la hospitalidad de Ino con su hijo Dionisio, los convirtió a ella y a Melicertes en dioses menores, con los nombres de Leucotea y Palemón respectivamente.
Décadas más tarde, en Yolco, el rey Esón fue destronado por su hermanastro Pelias, hijo de su madre Tiro con el dios Poseidón. Pelias asesinó a varios miembros de la familia real, para evitar que le arrebatasen el trono que él había usurpado, pero perdonó a Esón y a su esposa Polimela, limitándose a obligarlos a renunciar a la corona y a permanecer en palacio como virtuales prisioneros. No obstante, Polimela estaba embarazada de un hijo de Esón. Temiendo que Pelias lo matara, Polimela hizo que lo llevaran al monte Pelión poco después de haberlo parido; allí fue entregado al centauro Quirón, quien se ocupó de su crianza. El niño había sido llamado Diomedes por sus padres, pero para disimular su identidad Quirón le cambió el nombre a Jasón y lo hizo pasar por hijo suyo. En cuanto a Pelias, le dijeron que Diomedes había nacido muerto.
Pelias siguió siendo rey de Yolco durante muchos años, hasta que Jasón, ya un hombre adulto, reapareció y reclamó públicamente el trono durante un sacrificio que estaba haciendo a su padre Poseidón. Viendo que la multitud apoyaba el reclamo de Jasón, Pelias le prometió darle el trono si viajaba a Cólquide y le traía el vellocino de oro. Así, Pelias esperaba que Jasón o bien se negara a cumplir con la misión, con lo cual quedaría como un cobarde, o que aceptara y muriera en el intento.
Jasón aceptó el reto y envió emisarios a las cortes de Grecia pidiendo voluntarios. Varios príncipes famosos se unieron a la misión, entre los que estaban Hércules, Orfeo, Peleo (que sería después padre de Aquiles), Acasto, el hijo de Pelias, Cástor y Pólux. La expedición partió a bordo del Argo, llamado así en honor de su constructor, quien también formaba parte de su tripulación.
Jasón y los argonautas, tras vivir muchas aventuras, llegaron a Cólquide. Hera y Atenea, que apadrinaban la expedición, decidieron que la mejor forma de que los argonautas consiguieran el vellocino era que Medea, la hija del rey Eetes, se enamorase de Jasón. Medea era una bruja poderosa y como sacerdotisa del templo de Ares, tenía acceso al vellocino. Era además una mujer muy bella. Hicieron que Afrodita mandara a su hijo Eros a flechar a Jasón y Medea.
Los argonautas se presentaron ante Eetes solicitando respetuosamente que les entregara el vellocino de oro. En el camino, se habían encontrado con los cuatro hijos de Frixo y Calcíope, nietos de Eetes, que habían naufragado cuando viajaban a Grecia, y los habían salvado de morir ahogados. En consecuencia, Eetes no podía matar a los argonautas o siquiera expulsarlos de Cólquide. Así que les impuso una prueba casi imposible de realizar (y aun más difícil de explicar). La cuestión es que Medea utilizó sus poderes para ayudar a Jasón a llevar a cabo la prueba, lo cual no evitó que Eetes se negara descaradamente a darles el vellocino, y amenazara a los argonautas con matarlos a todos si no se iban de Cólquide. Medea, a quien Jasón había prometido llevar a Grecia y casarse con ella, llevó a los argonautas al templo de Ares donde estaba el vellocino, custodiado por un enorme dragón. Utilizando diversos encantamientos, Medea puso a dormir al dragón y Jasón tomó el vellocino, tras lo cual todos huyeron al Argo. Hubo una batalla con la guardia de Eetes, en la que cinco argonautas fueron heridos, pero Medea pudo curar a todos menos uno.
Eetes tenía un hijo varón, Apsirto. Hay dos versiones sobre su muerte. Según una, él era un niño y Medea lo secuestró cuando huyó con Jasón. Cuando vio que su padre los perseguía, Medea asesinó y descuartizó a Apsirto y arrojó sus pedazos al agua, consiguiendo retrasar a Eetes al obligarlo a recoger cada parte para darle un entierro honorable.
La versión más minuciosa y coherente presenta a Apsirto como un hombre adulto; enviado por Eetes en persecución de Jasón, alcanzó al Argo en la desembocadura del Danubio, donde los argonautas convinieron en desembarcar a Medea en una isla cercana consagrada a Artemisa, dejándola a cargo de una sacerdotisa durante unos días; entretanto un rey de los brigios juzgaría el caso y decidiría si debía volver a su patria o seguir a Jasón hasta Grecia, y en poder de quién quedaría el vellocino de oro. Pero Medea envió un mensaje privado a Apsirto, fingiendo que la habían raptado por la fuerza y pidiéndole que la liberara. Esa noche, cuando él desembarcó en la isla y con ello violó la tregua, Jasón lo siguió, lo acechó y le dio muerte por la espalda. Luego cortó las extremidades de Apsirto y chupó tres veces parte de la sangre derramada, que escupió cada vez, para impedir que su fantasma lo persiguiera. Tan pronto como Medea estuvo otra vez a bordo del Argo, los argonautas atacaron a los colquídeos que se habían quedado sin jefe, dispersaron su flotilla y huyeron.
Jasón y Medea estaban contaminados por el crimen que acababan de cometer, por lo que Zeus les ordenó que viajaran a la isla de Eea, en el Adriático, donde reinaba la bruja Circe, hermana de Eetes y tía de Apsirto, la única capaz de purificarlos por el homicidio. Así que Jasón y Medea viajaron a Eea por el Danubio llevando con ellos el vellocino, mientras que el Argo volvió a Grecia por donde había venido, el Helesponto.
Circe se mostró encantada al conocer a su sobrina Medea y ver que ella había heredado su habilidad para la hechicería. No tuvo inconvenientes en llevar a cabo la purificación. El Argo se les unió nuevamente en Eea, y emprendieron el viaje de regreso a Grecia, haciendo escala en Corcira. No obstante, la flota de Apsirto, que había vuelto a reunirse y continuaba la búsqueda de Medea y el vellocino, les dio alcance. Como los argonautas eran huéspedes del rey de Corcira, Alcínoo, los colquídeos exigieron al monarca que los entregara. Alcínoo les prometió que les comunicaría su decisión al día siguiente. Esa noche, la reina Arete, que se había hecho muy amiga de Medea, utilizando caricias y arrumacos, hizo que Alcínoo le adelantara cuál sería su sentencia: el vellocino era propiedad de los argonautas, pero Medea tendría que volver con su padre a menos que se hubiera casado con Jasón.
Arete esperó a que Alcínoo se hubiese dormido para ir a advertirles a los argonautas. Jasón y Medea se casaron esa misma noche y consumaron el matrimonio. Al día siguiente, cuando Alcínoo anunció su dictamen, Jasón afirmó que Medea era su esposa, por lo cual los marinos colquídeos terminaron con las manos vacías. Sabiendo que Eetes los mataría si volvían a Cólquide, algunos se quedaron en Corcira al servicio de Alcínoo y otros fueron a Eea para ponerse a disposición de Circe.
Tras muchas otras aventuras (incluyendo una tormenta que los llevó al norte de África), los argonautas regresaron a Yolco con el vellocino. Al llegar, los lugareños creyeron que eran fantasmas, pues Pelias había difundido el rumor de que todos habían muerto en Cólquide, asesinados por Eetes. Jasón se enteró de que, durante su ausencia, Pelias había obligado a sus padres a suicidarse, en castigo por haberle ocultado su existencia.
Jasón reunió a los argonautas y les dio la noticia. Hubo algunos que quisieron atacar el palacio de Pelias de inmediato, pero los más prudentes propusieron que cada uno regresase a su reino y levantase un ejército para luego invadir Yolco y deponer y asesinar a Pelias. Entonces Medea intervino, afirmando que ella sola podría asesinar al rey con facilidad. Pidió a los argonautas que se ocultaran con su nave en una playa boscosa y retirada desde la cual podía verse Yolco. Cuando vieran ondear una antorcha en el techo del palacio esto significaría que Pelias había muerto, que las puertas estaban abiertas y que podían tomar la ciudad.
Junto a doce esclavas a las que atavió con extraños disfraces y a una estatua de Artemisa, Medea, que se había dado el aspecto de una anciana, ordenó a los centinelas que la dejaran pasar. Exclamó con voz chillona que la diosa Artemisa había llegado del brumoso país de los Hiperbóreos en un carro tirado por serpientes voladoras para llevar la buena suerte a Yolco. Los asombrados centinelas no se atrevieron a desobedecer, y Medea con sus esclavas, recorriendo las calles de la ciudad a los gritos, despertaron a los habitantes provocando en ellos un frenesí religioso.
Interrumpido su sueño, Pelias preguntó aterrado qué deseaba de él la diosa. Medea respondió que Artemisa se disponía a agradecer su piedad rejuveneciéndolo, permitiéndole así engendrar herederos en lugar de su mal hijo Acasto, quien había muerto hacía poco tiempo en un naufragio frente a la costa de Libia. Pelias ponía en duda esta promesa, hasta que Medea, quitándose el aspecto de anciana que se había impuesto, se transformó otra vez en joven delante de sus propios ojos: “¡Tal es el poder de Artemisa!”, exclamó. Pelias observó luego cómo ella descuartizaba un viejo carnero de ojos legañosos en trece pedazos y los haría hervir en una caldera. Empleando ensalmos colquídeos, que él tomó equivocadamente por hiperbóreos, e invocando solemnemente a Artemisa para que le ayudase, Medea simuló que rejuvenecía al carnero muerto, pues un cordero retozón estaba oculto, junto con otros utensilios mágicos, dentro de la imagen hueca de la diosa. Pelias, completamente engañado, consintió en acostarse en un lecho, en el que Medea no tardó en dormirlo mediante encantamientos. Luego ordenó a sus hijas, Alcestis, Evadne y Anfínome, que lo despedazasen exactamente como ellas le habían visto hacer con el carnero, e hirviesen los pedazos en la misma caldera.
Alcestis se negó piadosamente a derramar la sangre de su padre por buena que fuera la causa, pero Medea, dando una nueva prueba de sus poderes mágicos, convenció a Evadne y Anfínome para que manejaran sus cuchillos con resolución. Una vez terminado el trabajo, las llevó al tejado, cada una con una antorcha, y les explicó que debían invocar a la Luna mientras hervía la caldera. Desde su emboscada los argonautas vieron el lejano resplandor de las antorchas y, acogiendo de buena gana la señal, corrieron a introducirse en Yolco, donde no encontraron oposición.
Medea convenció a Jasón de que era más prudente renunciar al trono de Yolco a favor de Acasto, porque si bien Pelias era un usurpador, había gobernado el país durante muchos años y con relativa sensatez. Después de depositar el vellocino de oro en el templo de Zeus en el monte Lafisio, la pareja viajó a Corinto, para hacer valer los derechos de Medea sobre el reino.
Eetes era el rey legítimo de Corinto, pero el regente que había designado había sido derrocado por un tal Corinto, que luego se autoproclamó rey. A Jasón y Medea no les resultó muy difícil reclamar el trono corintio y expulsar al usurpador. Así que pese a haber tenido que renunciar a la corona de Yolco, Jasón consiguió la de Corinto como premio consuelo.
Durante 10 años, Medea y Jasón vivieron juntos y felices; tuvieron cinco hijos. Pero al cabo de ese tiempo, Jasón comenzó a ambicionar una alianza con el rey Creonte de Tebas, quien le había ofrecido la mano de su hija Glauce. Olvidando que él era rey de Corinto solo en virtud de su matrimonio con Medea, Jasón se divorció de ella y se casó con Glauce. Medea fingió someterse, abandonó el palacio y se fue a vivir con sus dos hijos menores, sus favoritos, al templo de Hera. Pero estaba furiosa con la traición de Jasón, y le envió a Glauce un vestido embrujado como regalo de bodas. Cuando la princesa tebana se lo puso, se prendió fuego y no solo la mató, sino que quemó todo el palacio. En el incendio murieron Creonte y los dos hijos mayores de Jasón y Medea; el propio Jasón y Tésalo, el tercer hijo, se salvaron de milagro. En su tragedia Medea, Eurípides cuenta que, para completar su venganza contra Jasón, Medea asesinó también a sus dos hijos menores. En realidad, parece que los niños fueron apedreados hasta la muerte por una turba de corintios que, furiosos por el incendio desatado por Medea, atacaron el templo de Hera. Se dice que siglos más tarde, los corintios sobornaron a Eurípides con 15 talentos (unos 375 kilos) de plata para que hiciera aparecer a Medea como la asesina.
Medea, por su parte, pudo escapar -según la leyenda, en un carro tirado por serpientes voladoras- y fue a Tebas, donde estaba Hércules. Él le había prometido que la ayudaría en cualquier momento si Jasón la traicionaba, y Medea quiso que la ayudara a recuperar el trono corintio. Pero al pasar por Atenas, el rey Egeo, que no había logrado tener hijos, creyó con razón que sus poderes mágicos podían ayudarlo a engendrar ese heredero varón que tanto deseaba. Se casaron y vivieron juntos durante unos años -durante los cuales Medea le dio un hijo llamado Medeo- hasta que llegó a Atenas un joven llamado Teseo, que reveló ser hijo natural de Egeo. Éste lo nombró heredero del trono ático, pero Medea, que quería que su hijo fuese el próximo rey, intentó envenenarlo. Al fracasar y ser descubierta, Medea utilizó sus poderes para escapar junto con su hijo, envuelta en una nube mágica.
Medea y Medeo volvieron a Cólquide. Allí tras la muerte de Eetes había usurpado el trono su cuñado Perses. Medea lo expulsó del trono y se convirtió en reina de Cólquide. Gobernó exitosamente y fue sucedida por Medeo.
En cuanto a Jasón, la pérdida de sus esposas e hijos lo dejó devastado. Erró de ciudad en ciudad, al igual que Edipo después de descubrir que había matado a su padre y se había casado con su madre. Finalmente, en la vejez volvió una vez más a Corinto y se sentó a la sombra del Argo para recordar sus glorias pasadas y lamentar los desastres que le habían sobrevenido. Estaba a punto de ahorcarse de la proa cuando de pronto la nave se volcó hacia adelante y lo mató. Poseidón puso luego la imagen de la popa del Argo, que era inocente de homicidio, entre las estrellas.

1 comentario:

Annie Espinoza F dijo...

Buen trabajo, me ayudo mucho! Gracias!