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martes, 10 de abril de 2007

Los tres Horacios y los tres Curiacios

Tulo Hostilio fue el tercer rey de Roma. A diferencia de su antecesor, Numa Pompilio, Hostilio fue un rey guerrero, cuyas ansias expansionistas lo llevaron a una guerra con la ciudad vecina de Alba Longa.
El conflicto entre Roma y Alba se estaba extendiendo más de lo que los dirigentes de una y otra ciudad podían aguantar. Entonces llegaron a un pacto: la guerra se definiría en un combate singular. Los luchadores serían tres jovenes hermanos romanos, los Horacios, que pelearían a muerte contra tres hermanos albanos, los Curiacios. Si los trillizos romanos ganaban, Alba sería anexada a Roma, si lo hacían los albanos, Roma sería anexada a Alba.
Todos lo aceptaron, y ambos grupos de trillizos -que habían jurado luchar hasta la muerte por su patria- se dirigieron al campo de combate. Los dos ejércitos y los dos pueblos se colocaron a lo largo del espacio, uno a cada lado. Cuando se dio la señal, tanto los Horacios como los Curiacios corrieron hacia sus adversarios con tanta fuerza como dos ejércitos. El pensamiento de los dos grupos de jóvenes no estaba en el peligro que corrían, sino en lo que iba a ser de su patria y que estaba en sus manos: iban a ser los dominadores, si vencían o los dominados si eran vencidos.
En el primer encuentro cayeron heridos de muerte dos de los Horacios mientras que el tercero estaba ileso. Los Curiacios, por su parte, estaban los tres heridos, pero de distinta gravedad. El ejército y el pueblo albano levantó un grito de alegría en cuanto se desvaneció el polvo producido por el primer ataque. El ejército y el pueblo romano quedó absorto por la preocupación: ya se veían sometidos por los albanos.
El Horacio que quedaba vivo valoró rápidamente la situación. Vio que los tres Curiacios estaban heridos, pero que si trataba de luchar con los tres al mismo tiempo, llevaba las de perder. Entonces echó a correr como si huyera. De esa manera los Curiacios lo perseguirían, pero cada uno según sus fuerzas, y serían tres combates de uno contra uno, no un combate de uno contra tres.
Efectivamente, cuando los Curiacios comenzaron la persecución, se vio claramente que uno, el menos herido, se adelantaba a sus hermanos, pero no podía alcanzar a Horacio. Éste también se percató de ello, se paró y esperó a que llegara. No le dio tiempo a descansar, ya que apenas lo alcanzó le asestó un golpe mortal.
Horacio esperó al segundo Curiacio, que llegó en seguida, y, animado por su ejército y por su pueblo que ya veían ganado el combate, lo mató. La pelea estaba igualada, pero nadie dudaba de su resultado. Horacio acababa de vencer en dos combates y estaba del todo ileso. El último Curiacio había visto cómo habían caído sus dos hermanos y además estaba muy herido, de manera que su ánimo era el de un perdedor. Así que a Horacio no le fue difícil matarlo.
Horacio despojó de sus armas y ropa a los cadáveres y los dejó en el campo de batalla para que se pudrieran. Luego regresó a Roma, vitoreado por la multitud. Al llegar a su casa, su hermana Horacia se puso a llorar, pues parece que estaba secretamente enamorada de uno de los Curiacios. Horacio, furioso al ver que su lealtad estaba con los albanos, la mató y dijo "Que así muera cualquiera que llore por los enemigos muertos". El rey Hostilio se vio obligado a procesarlo por el homicidio y a condenarlo a muerte, pero le permitió apelar la sentencia ante el pueblo. Como era de esperar -Horacio era un héroe nacional-, dicha sentencia fue revocada.
En cuanto a Alba, fue anexada a Roma, como estaba arreglado. Sus familias nobles fueron incorporadas al Senado romano y Hostilio les dio el rango de patricios. Una de dichas familias fue la de los Julios, descendientes de Iulo, fundador de Alba, hijo de Eneas y nieto de la diosa Venus. A esa familia perteneció, como sabemos, el dictador César.
Hostilio siguió reinando durante unos años. Su fin llegó cuando, demasiado ocupado guerreando, olvidó ofrecer sacrificios adecuados a Júpiter. El dios, entonces, lo mató lanzándole un rayo. Fue sucedido por Anco Marcio, nieto de Numa.

4 comentarios:

Ulyses dijo...

Increible historia y muy interesante. Una gran astucia la de Horacio para derrotar a tres adversarios separándolos.

Lo que también me llama la atención es cómo se funde la historia con la mitología, por lo de que Jupiter le lanzó un rayo por no hacerle la ofrenda.

Martín dijo...

Exacto. En los primeros siglos (los de la monarquía y principios de la República), los límites entre la Historia romana y la mitología eran muy tenues. Los cuatro primeros reyes de Roma -Rómulo, Numa, Hostilio y Marcio- son directamente calificados como mitológicos por los historiadores.

Anónimo dijo...

Yo no me atrevería a decir que son del todo mitológicos estos reyes, sobre todo en el caso de Anco Marcio, donde podemos dar fe que durante su reinado se produjo la conquista del curso inferior del Tíber y se fundó el puerto de Ostia, proyecto éste último que sería continuado por el primero de los reyes etruscos llamado Lucio Tarquinio Prisco, o bien Tarquinio el Antiguo. MPR

Bego dijo...

Siempre agradezco encontrar publicadas historias como esta en internet, las aprovecho en mis clases y para mandar trabajos de investigación a mis alumnos. Los comentarios también son interesantes, ¿pero os habéis dado cuenta de que forma se ningunea el papel de la mujer y el papel de la violencia en estos sucesos? Legendarios o no reflejan una utilización de la violencia más allá de lo tolerable, y más cuando la víctima es una mujer, a manos de, digamos, un héroe nacional. Otra historia remarcable es la de Lucrecia donde se instrumentaliza el sufrimiento de una mujer con fines políticos...Gracias de nuevo. Vale.